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sábado, 28 de noviembre de 2015

La decepción: lo bueno, lo malo y lo feo.




En algún momento alguno de nosotros ha sido engañado por otro, sin importar el nivel de relación o confianza que se haya tenido con esa persona. Comúnmente experimentamos este sentimiento en las relaciones con amigos, familiares o pareja. Del uno al diez, más bien un once podría indicar el dolor psicológico que provoca decepcionarse de un ser querido, de quien esperabas respeto, honestidad, compresión y algún otro valor que considerabas existía en él, ahora, como no todo podemos controlarlo, el resultado de tantas expectativas fue nefasto y obviamente, decepcionante.

Conocer a alguien implica una intención activa y constante, sin llegar a niveles de la CIA o el FBI, es importante tratar de comprender el entorno en el que se desenvuelve el otro, cómo reacciona ante ciertos eventos y sobre todo la calidad de las relaciones que mantiene con los demás, incluyendo desconocidos. ¿A qué viene esto? pues teniendo una media verdad acerca de cómo es el otro, las expectativas podrán ajustarse mejor a la realidad. Sí, expectativas tenemos de todo y de todos, es una característica que nos define como seres sociales que nos relacionamos constantemente con nuestro ambiente. De esta manera será posible predecir si vale la pena o no arriesgarse a profundizar la relación, iniciar un nuevo proyecto, comenzar un negocio, entre otras decisiones que están sustentadas en el nivel de confianza y al mismo tiempo, en las expectativas de cada uno de los involucrados.

Vale decir que en esto no siempre se tiene éxito, por más observadores, en ocasiones afrontamos problemas a partir de la emoción o de una razón ciega y tomamos decisiones equivocadas, elegimos mal a ese amigo o a esa pareja, le dimos mucho de nuestro espacio y nuestro ser a ese familiar que no supo valorar la ayuda brindada o le abrimos la puerta de nuestra casa a alguien que parecía amable y resultó todo un desastre. Cuando la decepción llega, nacen miles de interrogantes que van rondando nuestra mente, agotando nuestras energías y dañando cada espacio vital, donde damos vueltas y más vueltas en torno a un "¿por qué -me- hizo esto?"

Lo bueno

Decepcionarse de alguien te hace despertar de ese letargo en el que te encontrabas acerca de tu apreciación sobre la personalidad del otro, te obliga a mirarlo tal como es, sin adornos y sin justificaciones. Permite que incluso puedas perdonar y soltar a tiempo una relación que te estaba llevando al fracaso, además de que puedes identificar en ti cuáles fueron tus fallas y si estas potenciaron el mal comportamiento del otro, es decir, te hace responsable de lo que vino de ti y borra las expectativas que creaste en base a un ideal que tenías sobre esa persona. La mayoría de las veces idealizamos tanto a alguien que esperamos más de lo que puede darnos y si te decepcionas de lo que creías que había y ahora descubres que te gusta (o no) más lo real y no lo ideal, ya no será tan decepcionante.

Lo malo

El malestar que genera descubrir que el otro no es lo que pensábamos, que cómo fue capaz de hacer lo que hizo y sobre todo, lo peor para el ego: ¿por qué a mi?, es de los sentimientos más incómodos y poco tolerables, sobre todo porque sobrevienen ideas cargadas de negatividad y culpa, autoagresión a nuestra propia autoestima y olvidar casi por completo que aunque el problema pudo haberse encontrado en nuestras expectativas, no es la causa del mismo; sin embargo, lo que viene puede ser peor porque nace una especie de barrera y un "vivir sin esperar nada de nadie" o "esperando siempre lo peor" que activa los mecanismos de defensa al punto de evitar relacionarnos para no ser heridos nuevamente. Aunque parezca tan natural como que si te muerde un perro no querrás volver a tocar uno, sugiere una generalización que podría alejarnos de alguien que sí vale la pena pero que de antemano le cerramos la puerta en la cara.

Lo feo

El aprendizaje es aquello que nos permite evolucionar o involucionar como personas, ¿por qué? porque al decepcionarnos de alguien lo que mayormente surge es la necesidad de colocar filtros y más filtros al momento de dejar entrar a alguien a nuestro espacio, es allí donde nuestros prejuicios cobran vida y se hacen más fuertes, alejándonos más, rechazando más, evitando más y aumentando el miedo, el resentimiento y la negatividad. Lo más común será escuchar personas lamentándose una y otra vez de lo horrible que fue confiar y ser traicionado, engañado y decepcionado por esa persona a la que consideraba leal, única e irrepetible. 

Y ahora, lo menos feo

Un aprendizaje significativo va más allá de una respuesta obvia ante un evento en particular -tal como el ejemplo de ser mordido por un perro-, porque de cualquier modo indica que se profundiza la experiencia, al punto de reconocer, identificar y modificar posturas habituales que te llevaban una y otra vez a confiar o a esperar demasiado y además darle la vuelta a esos filtros, convirtiéndolos en límites sanos que te dejen ser y dejen ser al otro. 

Las decepciones no van a terminar, seguirás esperando demasiado de quien probablemente te dé poco, pero mientras más lo aprendas, disminuirá su frecuencia. Ya no será tan doloroso, ya no será tan decepcionante.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Infidelidad 2.0





La infidelidad en la pareja es uno de los asuntos de los que más se hablan en reuniones sociales, donde cada quien expone su punto de vista al respecto y da paso a debates interesantes que permiten conocer las creencias que se tienen acerca de ser infiel. Algunos lo aceptan, toleran y hasta justifican, otros lo rechazan, lo condenan y expresan que jamás han sido ni serán infieles. Los medios para cometer una infidelidad se han expandido, sobre todo desde la aparición de las redes sociales, que sin duda facilitan los encuentros entre los infieles y sus amantes, dando camino a una nueva forma de vivir esta experiencia y también a que existan pruebas irrefutables del engaño cometido.

Algo que muchos no saben es que la concepción de ser infiel puede variar de persona en persona, respondiendo a sus valores y su ética al momento de llevar a cabo una acción que pudiera afectar a otro. En teoría todos somos buenos, ninguno es capaz de cometer una infidelidad y nos autocalificamos moralmente correctos e incorruptibles, ¿pero qué pasa cuando la tentación se hace presente y no se controla el impulso? Lo primero sería entender la o las causas que llevan a alguien a cometer una infidelidad, porque ser infiel también duele y en este sentido sería arriesgado convertirse en juez y señalar la conducta del otro cuando desconocemos si en algún momento nos van a ser infieles o si el infiel seremos nosotros.

Como ya lo mencioné, las redes sociales facilitan el hecho de ser infiel, pero no responden en su mayoría a una infidelidad consumada, ya que se ve expresada en conversaciones por chat, lo que conocemos como "sexting" y a plantear cualquier cantidad de fantasías que no trascienden el teléfono, la laptop o el computador; aquí cabe la pregunta: ¿será entonces una real infidelidad? Para los más moralistas, sin duda, lo es. Para ellos, que su pareja piense en otra persona ya es causal de separación y representa una traición que no perdonarían ni en esta ni en otra vida. Esta postura es la que conlleva a un sufrimiento más profundo y doloroso, porque basta con ver a la pareja escribiéndole un mensaje a otra persona para acusarlo de infiel. Para otros sólo es un mal momento que pueden dejar pasar, pero que reconocen podría afectar la confianza en cierta medida.

Entonces, ¿cuál es la mejor opción para los más celosos? La verdad, la mejor opción es confiar en la pareja y tratar de no acusar sin pruebas directas y concisas. No niego que más de una vez alguna mujer ha encontrado mensajes subidos de tono en el teléfono de su esposo, y sin justificar su falla (la de él) es importante preguntarse dónde está ubicado el nivel de desconfianza de esta mujer que le llevó a invadir la privacidad de su esposo y revisar su teléfono. En este punto queda evidenciado que no sólo el infiel actuó mal sino que también queda demostrada la desconfianza en la pareja y esta suele ser la causa más común para ser infiel.

Descubriendo la causa de la infidelidad se puede hablar de cómo intervenirla, si conviene dejar esa relación e ir por una mejor o perdonar la misma. Dejémonos de tonterías: sí hay personas que perdonan -auténticamente- una infidelidad y esto no los convierte en dependientes, pendejos, tontos o locos. Es necesario evaluar cada aspecto que llevó al otro a ser infiel, trabajar la culpa, soltar el resentimiento y poder continuar, no es acumular infidelidades y disculpas, se trata de revisar si en efecto esa infidelidad es “perdonable”. En mi opinión, el infiel es quien más trabajo terapéutico debe hacer y el engañado revisar si mejora su radar y encontrar a alguien mejor o comprender de dónde nació su desconfianza u otros aspectos negativos y cómo influyó en la relación. El infiel tiene una dificultad en el control de sus impulsos, así sea por las redes, le es fácil caer en la tentación, sin embargo, es un comportamiento que con la intervención adecuada puede cesar.

Siendo la infidelidad un acto individual, queda de parte del infiel si utiliza su error para mejorar su relación de pareja o continuar con este hábito. Puede que la popular frase "ojos que no ven, corazón que no siente" tenga sentido en este tipo de casos, sin embargo, funciona sólo si el infiel reconoce su falla, la mejora y no hace más daño a su relación evitando el comportamiento infiel y actuando en pro de la misma. Si no es posible, lo recomendable es romper el vínculo, aceptando que existe una conducta que no fue aprobada previamente y por lo tanto generará inevitablemente un daño en la pareja.

Es cierto que la confianza es pilar fundamental en la relación de pareja, también lo es el ser sincero y honesto, y sabemos que nadie que haya escrito un mensaje o enviado una foto subida de tono a un tercero, se lo va a comunicar a su pareja. Sabe a la perfección que hacerlo implicaría la ruptura de la misma. Entonces, ¿somos todos unos infieles y lo mejor es mentirle a nuestra pareja y quedarnos en eternos chats comprometedores? No. Recuerda: si consideras un acto infiel el que tu pareja se escriba con alguien más en un tono lujurioso, es lo mismo si tú lo haces. Si para ti no es considerado una infidelidad, lo mejor es que se lo dejes claro a tu pareja. La confianza y la comunicación entre ambos darán garantía -medianamente- de que hay fidelidad en la relación y si mantienen un mismo acuerdo acerca de ser infiel o no, no habrá reclamos innecesarios.

De todos modos, descubrir una infidelidad (intencionalmente o no) afecta la autoestima del engañado y de acuerdo con la connotación social del mismo es tomado como traición. Es válido si deseas dejar a tu pareja al descubrir que te fue infiel, también es válido si eres capaz de perdonar y continuar a pesar de ello. Es un trabajo de dos, no de ver quién fue el culpable y condenarlo, porque si bien es evidente que el infiel fue quien cometió la falla mayor, existe una causa. Lo ideal sería que dejara su pareja, relacionarse con quien le plazca y no causar daño a otro, pero sabemos que esto es sólo un ideal y que no siempre la realidad es así. 

No importa qué tan fácil sea ser infiel en estos tiempos donde la tecnología lo favorece, lo que realmente importa es que existan parejas que puedan tenerse confianza mutua y una comunicación efectiva para que entre ellos logren disminuir la probabilidad de buscar un tercero y romper una relación que quizá sea lo mejor que les ha sucedido en su vida.


domingo, 13 de septiembre de 2015

"Haters gonna hate"




El título de esta entrada es muy conocido en las redes, de hecho, muchos la utilizan para referirse a quien muestra una actitud de desagrado y antipatía ante algo o alguien, porque quienes "odian" siempre lo harán. En términos de intensidad, el odio es el otro extremo del amor, se siembra, se cultiva y da frutos terribles; hay quienes tienen un gran campo donde está sembrado su odio por gustos, aficiones, personas, momentos, recuerdos, etc, Son personas que paradójicamente son felices odiando, dándole un toque patológico a su propio ser. Por supuesto, va más allá de manifestar que algo "no les gusta", hay conductas destinadas a destruir aquello que no toleran, son personas destructivas y también, en muchos casos, autodestructivas. Si odias lo que está fuera de ti, es probable que odies lo que está dentro de ti,

Las causas por las que alguien no está de acuerdo con lo que otro piensa o le gusta, no tienen discusión. Es normal que no nos atraiga aquello que a otro sí y podamos seguir viviendo con eso, ahora, el verdadero conflicto se halla en permanecer detestando y rechazando lo que sucede ante nuestros ojos y que lamentablemente, ha llegado a ser "aceptado" socialmente, al menos dentro de grupos con características similares. Entre jóvenes es bastante común, sobre todo en adolescentes, donde debido a los cambios biológicos, psicológicos y sociales están en esa búsqueda de quiénes son y hacia dónde van. Aun así, este comportamiento también es visible en adultos, donde algunos mencionan que lo hacen "por diversión" y no porque odien realmente, ¿a dónde los llevará esto?

Pareciera un claro indicador de inmadurez emocional cuando nos empecinamos en dañar al otro "por diversión", porque un grupo de personas similares a mí también aceptan y fomentan este comportamiento, porque ser buena persona "es de pendejos" o se ve ridículo ser tolerante, amable y educado. Entonces, es posible notar que hay una gran distorsión acerca de estos términos a nivel social, o muchos trabajan en distorsionarlo. En lugar de aceptar que hay diversidad, lo ataco, lo critico destructivamente y lo rechazo a un nivel como si tolerarlo me quitara vitalidad.

Este tipo de comportamiento suele observarse también en casos de bullying o cyberbullying, y quienes lo hacen, en efecto no parecen identificar un sentimiento de odio hacia esa persona, pero de todos modos se burlan de ella, le hacen daño y destruyen su autoestima. Desconozco el momento en que esta conducta comenzó a ser "admitida" entre ciertos grupos de personas, aunque es posible que se deba al corte colectivo que tiene y a la falsa creencia "si él lo hace, ¿por qué yo no?", sumado a una carencia de empatía, porque "no lo conozco, no me importa cómo se sienta", y realmente no sé qué es peor, si ser el bullie, o ser quien apoye la moción.

Es importante comprender que desde lo psicológico, nada sucede "porque sí", ninguna conducta está precedida de la nada, hay un motivo. El motivo puede variar, y en ocasiones tacharemos de "absurdos" algunos motivos ajenos, pero cada quien con el suyo ¿no?, y aquí el punto es enfatizar que no importa si piensas diferente, si no te gusta lo que a mí, si no me toleras o no soportas mi personalidad, se trata de que marques distancia y no te llenes de odio porque no soy como quieres que sea. La violencia existe en todos los niveles y está fomentada por el odio, no hay conducta violenta que no tenga al odio como motor, entonces, mientras más te enfoques en odiar, ese sentimiento va a crecer sólo y únicamente en ti y dependiendo de cómo sea tu personalidad, podrías llegar a ser un violento más, sin que haga falta golpear o matar a otro para serlo, basta con insultar e intentar hacerle la vida imposible a otro, ¿estás seguro que lo haces por diversión? 

Por otro lado y muy importante acotar:

¿Qué hacer cuando eres la víctima?

  • Intenta no reforzar la conducta del otro. Cuando respondes al ataque, estás actuando como lo espera tu agresor, recuerda que buscar molestar y afectarte, si le das la atención que busca, su conducta se mantendrá y reaparecerá. 
  • Identifica qué tiene que ver contigo y que no. El hater atacará aspectos de tu personalidad intentando herirte y afectar tu autoestima, si reconoces algo de lo que dice en ti, reflexiona y busca una forma de mejorarlo. Si lo que dice no tiene que ver contigo, es probable que esté hablando de sí mismo. No te enganches, no es necesario.
  • Busca ayuda si lo crees necesario. Hay quienes se muestran muy afectados cuando son atacados por otro, en este sentido, lo mejor es buscar ayuda profesional en casos severos y si fue algo de momento, te vendría bien alejarte y conversar al respecto con un buen amigo, así liberas la tensión y emociones negativas que te produjo el conflicto.
  • Trata de no convertirte en agresor. Quien ha sido víctima de ataques durante un tiempo prolongado, podría tener la oportunidad de convertirse en un atacante bajo la falsa ilusión de control y dominancia, interpretándose como fuerte ante el otro (esto es lo que cree el provocador). Si ya conoces lo que es ser víctima de ellos, atacar a otros no va a borrar lo que te sucedió.
Te preguntarás si hay una cura contra el odio... los más humanistas dirán que es el amor, yo pienso que la cura es tomar consciencia de que hay un sentimiento que te hace más daño a ti del que quieres causar. No te tiene que caer bien quien ya te cae mal, si algo malo te hizo y por eso lo odias, perdónalo, déjalo ir, suelta eso que nada más vives y sientes tú, eso no lo hará volver a ti, no significa que serán ahora mejores amigos, sólo dejaste a un lado un sentimiento que te estaba destruyendo. Quienes sigan creyendo que "no odian" a otros sino que los atacan "por diversión", probablemente comprendan su propio comportamiento cuando no sean el victimario sino la víctima, y justo allí podrían reflexionar o simplemente "no tomarse en serio" el ataque y seguir siendo un hater más.

Para el hater de oficio:

Tú que todo lo cuestionas y criticas, a ti que nada te agrada o te parece estúpido o fuera de lugar, hazlo contigo primero: cuestiónate, sé autocrítico y revisa qué no te gusta o te parece ridículo de ti antes de intentar verlo en otros, deja que el otro sea como le gusta ser, haz que ya no te afecte lo que el otro eligió. No es tuyo, no es tu problema, no tiene que ser un motivo para atacarlo; respeta tanto como te agrada ser respetado, mírate, observa lo que dices y haces, ocúpate de ti, conócete y verás que ya no habrá tiempo para odiar. Recuerda: mientras no hagas daño, puedes ser quien quieras ser.


sábado, 29 de agosto de 2015

El primer amor... ¿Realmente se olvida?



Resulta común escuchar entre la gente que cuando jóvenes tuvieron un primer amor, alguien que "les enseñó a amar", por quien sintieron por primera vez eso que llaman amor. Describir el amor sería alterar su esencia, ya que por ser un sentimiento, cada persona lo experimentará de acuerdo con sus creencias acerca del mismo y otros simplemente lo van a sentir sin llegar a identificar por qué o cómo es que se siente así. En este sentido, es posible que existan características similares entre la mayoría de las personas sobre cómo fue el primer amor y sin duda, algunos dirán que pudieron olvidarlo, otros lo recuerdan como si hubiera sido ayer y hay quienes incluso expresan no haber conocido aún el amor.

Hay muchas formas de ver expresado el amor, no sólo cuando tenemos pareja, sino también el amor hacia padres, abuelos, hermanos, tíos y otros familiares, así como podemos amar lo que hacemos y también existen los filántropos, quienes aman a la humanidad y todo lo que a ella respecta, siendo personas sumamente altruistas y consideradas con el otro, empáticos y desinteresados al momento de brindar apoyo y ayuda siendo placentero para ellos. Ya con esto es evidente que amar podría ir más allá de lo que creemos acerca del amor, que no importa si aprendimos a ver el amor como atadura, es posible transformarlo y comenzar a amar mejor, porque aunque describirlo es subjetivo, el amor no supone en sí ser un sentimiento displacentero. Universalmente, el amor indica unión, afecto y entrega hacia algo o alguien.

¿Cómo hablar del primer amor sin haberlo conocido? Sería una tarea bastante complicada, y hay quienes tratan de rememorar si en verdad existió, si realmente lo conocieron, mientras otros se preguntan si algún día van a olvidarlo. El olvido en sí no es olvido, simplemente no nos detenemos a recordar y hay muchísima información almacenada en nuestra mente a la que no accedemos de manera consciente, a menos que intentemos enfocar y traer el recuerdo, siendo nuestra no muy exacta memoria la encargada de indicarnos si algo fue así. Sin embargo, el sesgo de memoria es inevitable y la mayoría de las veces alteramos los recuerdos, haciendo una sobrevaloración de los mismos u omitiendo muchos detalles, y está bien, olvidaremos palabras y algunos rostros, pero pocas o ninguna vez olvidaremos cómo nos sentimos con alguien.

La memoria emocional se activa ante cualquier estímulo que podamos asociar con esa experiencia pasada, estas experiencias tienen la característica de haber sido muy intensas y vívidas, por lo que el recuerdo podría ser tal como encontrarse nuevamente en la misma situación. Será entonces la memoria emocional quien despierte los recuerdos acerca del primer amor, aunque no sea cada día a su lado, serán los momentos más significativos: esas tonterías que hicieron juntos, los riesgos que decidieron tomar "por amor", los besos, las caricias y hasta hacer el amor, sensaciones que fueron únicas e incomparables por más que hayas encontrado una nueva pareja y consideras que es "mejor" que esa persona, recuerda que en tu tiempo presente puede ser mejor, pero en el pasado el "mejor" era tu primer amor.

En muchas ocasiones, el primer amor no siempre fue cálido, bueno, afectuoso y feliz, por el contrario, fue dominante, castrante, invasivo y maltratador, mantiéndote atado, sin voz para expresarte y atrapado en un círculo de dependencia que no sabías abandonar. El primer amor pudo ser tormentoso en todo el sentido de la palabra, pero es el mejor referente que tienes para reestructurar lo que entiendes por amor y cómo relacionarte nuevamente aunque esté latente el miedo a sufrir. Amar a alguien sin miedo a perderlo (debido a esa falsa ilusión de que lo "tenemos") podría conllevar a tener conductas que no te inviten a esforzarte por estar a su lado, a creer que como sabe que le amas y te ama, va a permanecer pase lo que pase; es muy probable que ese miedo a perder al ser amado sea lo que nos impulse a hacer lo que esté a nuestro alcance para que no suceda; somos el anfitrión de nuestra pareja, le damos y mostramos quién somos realmente con la intención de que se sienta cómoda y no se vaya de nuestro lado.

De cierto modo existe un apego hacia la pareja, este apego ha de ser un apego sano, seguro y libre de sufrimiento, que sientas miedo a perderlo no siempre significa que vayas a actuar de forma desesperada y sumisa, complaciéndole en todo sólo para que no se aleje. No. Se trata de internalizar una realidad: la relación no es eterna (nada lo es) y desconocemos el tiempo que estaremos a su lado, es decir que es posible que "lo perdamos", pero nos vamos a encargar de disminuir la probabilidad de ocurrencia. Lo amaremos bien, para que se sienta bien y no decida irse. ¿El amor todo lo puede? Eso creen muchos, en mi opinión hace falta algo más que amor, quien por sí solo es un sentimiento y que si no va acompañado de acciones coherentes con lo que se dice, no importa cuánto amor digas sentir, si el otro no lo percibe, es como si no existiera.

¿Crees entonces que realmente olvidamos el primer amor? Si no lo recuerdas, tal vez no lo has conocido o quizá esa o esas relaciones que has tenido no fueron lo suficientemente intensas y por lo tanto, no tan significativas para ti. Algunos aún se encuentran junto a su primer amor, otros decidieron seguir sin él y están felices con alguien más, ¿Pero dejaron de recordar lo que vivieron? no te asustes, no significa que no superaste a tu ex, recordar sin dolor ya es haberlo dejado ir, no olvidarlo es valorar su existencia, porque aunque no estén juntos, fue el ensayo y el error que te permitió ser mejor. Nunca es tarde para conocer el amor, nos enamoramos miles de veces, podemos amar más de una vez y mejor cada nueva relación, porque estamos en constante aprendizaje sobre relacionarnos con los otros, y mientras algunos repiten patrones porque algo deben resolver, otros sanan las heridas, viven el amor y recuerdan sin dolor.

sábado, 22 de agosto de 2015

El miedo a expresarse




El miedo como emoción primaria puede aparecer ante cualquier estímulo, porque sí, el miedo viene de algo externo, a diferencia de la angustia que siempre es interna y a veces confundimos cuando estamos ante algo que realmente nos aterra. Sea lo que sea, el miedo puede paralizarte o movilizarte y la mayoría de las veces no sabemos cómo vamos a reaccionar, pero algo va a pasar.

La lista de miedos o fobias (ansiedad ante un estímulo aversivo) es bastante extensa, sin embargo, el miedo a expresarnos puede aparecer en cualquier momento y no es precisamente una fobia, es más una postura que decidimos tomar ante alguna situación donde actuamos pasivamente o "lo dejamos así" porque queríamos evitar un problema o un daño mayor, y en este punto podría ser beneficioso, aún así, si te habitúas a evitar decir lo que piensas porque temes la reacción del otro o en tu mente fantaseaste con alguna especie de catástrofe, será más el daño que te hagas a ti mismo y repararlo podría llevarse su tiempo.

De acuerdo con tus características de personalidad, si eres una persona introvertida, vas a tender a callar o a ser "cerrado" ante expresiones de tipo emocional e incluso racional; el miedo a ser juzgados, señalados y rechazados te puede llevar a tragarte tus palabras y hasta las lágrimas que quisiste soltar. No porque sea una característica de tu forma de ser, tienes una ventaja, ya que ser constantemente evitativo sólo va a provocar que fracases en algunas áreas, te aisles y pierdas contacto con quienes te importan.

No sólo puedes notar cuando tú sientes miedo a expresarte sino también puedes saberlo cuando a otros les pasa, ¿cómo notarlo? la persona que tiene miedo a expresarse no hace contacto contigo y este contacto puede verse interferido en lo visual, lo auditivo y lo táctil.

En lo visual: no te mira, te mira pero no te atiende o en ocasiones te mira fijamente porque sabe que tiene que verte, pero lo hace por obligación y no porque realmente desee hacerlo.

En lo auditivo: decimos lo que el otro quiere escuchar cuando realmente no pensamos eso, cuando nos impedimos escuchar el punto de vista del otro y esperamos que diga algo que esté en contra de lo que pensamos para atacarlo sin escuchar lo que tiene para decir; cuando estamos en una actitud para ver dónde y en qué se equivoca el otro, cuando únicamente escuchamos las críticas pero no las alabanzas, cuando escuchamos sólo los detalles (forma y no fondo) o en caso contrario, los detalles carecen de importancia.

En lo táctil: evitar el acercamiento o contacto directo con personas es una de las formas más comunes de interrumpir el contacto con el otro. Cuando mantienes una distancia física durante alguna discusión, cuando no quieres que te toque mientras hablan, cuando prefieres no estar en el mismo sitio que el otro.

Estas formas de interrumpir el contacto van a limitar el espacio que tengas para expresarte, lo que sin duda va a aumentar tu miedo a decir lo que piensas y sientes, a comunicar lo que quieres que el otro sepa y llevándote cada vez más a encontrarte más aislado y con menos oportunidades de ser.

¿Es posible recuperar el contacto y perder el miedo a expresarnos? Sí. Existen algunos ejercicios para reestablecer el contacto (los tomé del libro Manual Práctico de Psicoterapia Gestalt de Ángeles Martín), de manera que nos hará más conscientes de nuestro presente, lo que va a disminuir la sensación de miedo, ya que ese miedo aparece por experiencias negativas de hechos pasados o por creer que sucederá lo peor de lo peor, es decir, si te ubicas en el tiempo presente, no habrá espacio para el miedo y podrás decir lo que piensas y sientes. Algunos de estos ejercicios son los siguientes:

Mirar al otro de manera intencionada y no limitarnos o prohibirnos mirar lo que queremos mirar. En ocasiones nos prohibimos mirar al otro disfrutar con la mirada, ya que se le da un carácter negativo cuando no siempre es así. Mientras esto sea recíproco no dará paso a incomodidades por malas interpretraciones de esas miradas.

Mirar y dejarse mirar. Puedes realizar este ejercicio sentado o en movimiento (se recomienda de las dos formas), esto nos permite conocer lo que pasa a través de nuestros ojos y eliminar el sentimiento de vergüenza cuando otro nos mire.

Otros son: elegir y rechazar a través de la mirada, experimentar con distintos tipos de mirada, exponerse a las miradas de los demás mientras nos miran.

Para mejorar el contacto a través del escuchar:

Concentrarse más en la musicalidad o el tono de voz que en las palabras, repetir lo oído para ver si se ha fijado en los detalles y si se ha captado el conjunto, esperar a oír y escuchar lo que tiene que decir la otra persona sin interrumpirla antes de terminar, transformar las preguntas en afirmaciones.

Con respecto al contacto físico:

Tocar y dejarse tocar, ejercicio del "ciego" (funciona para explorar la confianza y la auto-confianza), abrazar, y otros ejercicios de contacto con diversas partes del cuerpo.

El miedo a expresarte podría estar muy bien fundamentado (utilizando la racionalización, que es un mecanismo de defensa), podrías rechazar completamente la situación (negación, otro mecanismo de defensa) o dejarla para después (evitación, una estrategia de afrontamiento) y aunque hagas todo esto, no vas a poder evitar las consecuencias de ello, que podrían abarcan un malestar psicológico e incluso físico (cuando hay somatización) que sólo va a reforzar de cierto modo que continúes callando lo que quieres expresar. 

Lo único que es aceptable evitar es provocar daño a otros, aunque en ocasiones este pueda ser inminente y se escape de tus manos. Cuando puedes decir lo que piensas y sientes, además de ser asertivo y ser libre, estarás actuando de acuerdo con tu forma de ser, donde a pesar de tus defectos, no permites que interfieran en ese contacto con el otro y poder hacerle llegar el mensaje que quieres comunicar. Si lo que dijiste de todos modos hizo sentir mal al otro, ya no tiene que ver contigo. Recuerda que sólo puedes hacerte responsable de lo que piensas, dices, sientes y haces. El mensaje es simple: no te calles, di lo que quieras decir y no tengas miedo a expresarte.

sábado, 9 de mayo de 2015

De la emoción al sentimiento: el rencor




Hace una semana aproximadamente me dijeron "Giova, escribe sobre el rencor" y sinceramente, para escribir sobre emociones, haberlas experimentado lo hace más auténtico, entonces recordé que sí, que en algún momento de mi vida he sentido ira hacia alguien y como toda emoción, puede convertirse en un sentimiento.

Me gusta ir de lo general a lo específico, así que me fui al diccionario y según la Real Academia Española, el rencor es "resentimiento arraigado y tenaz", concepto que no me convenció del todo, entonces busqué resentimiento y dice: "acción y efecto de resentir", ok ¿Y qué es resentir? pues tiene varios significados: 1. empezar a flaquear (debilitarse) 2. tener sentimiento, pesar o enojo por algo y 3. sentir dolor o molestia en alguna parte del cuerpo, a causa de una enfermedad o dolencia pasada. Y vale decir que en psicología, se ajustan mejor estos últimos tres conceptos en referencia al monstruo mayor: el rencor.

Como mencioné, para escribir sobre emociones hubo que experimentarlo en algún momento. Digo, así tiene más significado lo que se expresa en letras. Puedo contarles sin miedo alguno que sentir rencor es de las dolencias psicológicas más incómodas que pueden haber, te recorre el cuerpo y te puede dejar paralizado mientras crees que vas a explotar en cualquier momento, al menos así es cuando está en su estado más vivo. A medida que recuerdas a ese alguien o ese algo que te molesta y te enoja, la intensidad aumenta considerablemente y podrías incluso, tomar acciones coherentes con ese sentimiento.

Es importante acotar que una de las características fundamentales de las emociones es que tienen corta duración, a diferencia del sentimiento que puede perdurar por meses o años. Entonces, la ira sería la emoción que podría convertirse en rencor (sentimiento) y ya a este punto es necesario hacer una labor terapéutica para soltar tan desagradable sentimiento. Ocupa tu mente, tu energía vital, te agota, te anula y podría afectarte al punto de verlo manifestado en una enfermedad física. Sí, así funciona cualquier emoción/sentimiento que no se comprende. Lo que tú no dices, lo dice tu cuerpo.

Perfectamente puedes identificar tu rencor hacia alguien y sólo tú te encargarás de darle fuerza con cada pensamiento y acción a favor de ese sentimiento. Ya no sólo te molesta, ahora forma parte de tu día a día y comienzas a reflejarlo en tus áreas de vida, contaminando cada espacio sano que quedaba por allí. Tu familia y tus amigos comienzan a notarlo y cada vez que ves algo que te recuerda a ese alguien/algo, se dispara la ira y se aviva el rencor. Ahora veamos, ¿Qué tan útil será esto?

Aceptar una emoción, cualquiera que sea, es parte de la vida humana. Cada uno de nosotros experimenta una gama de emociones que varían en frecuencia e intensidad y no pasa nada, así somos. Sin embargo, cuando permito que la emoción ya no sólo sea emoción sino que evolucione en sentimiento, lo prudente es ver qué hago con eso. Mariana se siente alegre con John y sucede con tanta frecuencia y con una elevada intensidad que terminó amándolo, ahora siente amor, ¿Qué hace con el? De la misma manera sucede con la ira y el rencor como sentimiento derivado directamente de esta, ¿Qué haces tú cuando sientes rencor hacia alguien? ¿Qué tan últil te es?

Desde mi punto de vista, la única utilidad que puede tener un sentimiento de este tipo es aprenderlo a identificar y a darle un gran STOP cuando intente quedarse. El rencor es útil si sabemos manejarlo, si le vamos restando fuerza y comprendiendo que es nuestro, que no fue el otro, aunque la causa venga de allí. En la medida en que comprendo el malestar que me genera tal sentimiento, lo voy aceptando para dejarlo ir. Sí, aceptarlo, porque rechazarlo sólo puede hacer que se quede más tiempo.

Será a través de la frecuencia con la que vivas ese sentimiento que te irás dando cuenta si ya sólo quedó en el pasado o continúa formando parte del presente. Más que aprender a perdonar, es aprender a aceptar que somos humanos y que si esa fue nuestra reacción, podemos utilizarla a favor, es decir, para conocernos mejor. Podemos permitir que la ira nos incomode un rato, pero nada de estar gran parte de nuestra vida resintiéndonos por lo que pasó o lo que no pasó.

¿Ya sabes qué hacer con ese rencor? 


"Guardar un rencor, es como morir de la picadura de una sola abeja" William W.

domingo, 3 de mayo de 2015

¿Apego emocional o apego sexual?




Ayer se me ocurrió realizar una pequeña encuesta, bastante informal, entre conocidos y amigos. Surgió una duda en mi respecto a qué es eso que mantiene "amarrado" (o apegado) un hombre a una mujer, ¿Son los sentimientos hacia esta o el ser una "buena cama"? En vista de lo subjetivo del asunto, las respuestas fueron diversas y desde la experiencia de cada uno de los encuestado (los mismos fueron hombres). A modo de resumen, estos fueron los resultados:

La mayoría de ellos dicen que "un poco de cada uno" es lo que los apega más a una mujer, otros mencionaron categóricamente que una buena cama es lo que les moviliza a mantenerse aferrados a ella y sólo unos pocos mencionaron que son los sentimientos. Hubo una respuesta en particular donde me dijeron: "una buena cama, eso desarrolla los sentimientos" y confieso me quedé pensando si en efecto hablaba de esa mezcla a la que hicieron referencia los otros encuestados.

El apego responde a la necesidad de estima y afecto, pero de una forma más intensa, y nace del vínculo que crea el niño con la madre o cuidador. Un apego sano creará una personalidad sana, sin embargo, en la adolescencia o la adultez puede verse distorsionado. Para ejemplificarlo mejor, el apego puede presentarse tal como la conducta adictiva: no puedo abandonarlo, me siento aferrado a ello y aunque quiera soltarlo, me es imposible. Entonces, específicamente en las relaciones de pareja (o intentos de pareja) suelen darse vínculos que pueden derivar en apegos y que se tornan claramente incómodos en cierto punto. Sobre todo cuando la relación llega a su fin, cualquiera que sea el motivo, aún "muerto" el sentimiento o el deseo, soltar a esa persona se convierte en una lucha de día a día.

Existen muchas exparejas donde prevalece sin duda, el apego sexual. Aunque se trate de disfrazar y confundir con un "todavía te quiero", la relación queda expresada sólo en términos de ir al hotel, tener una buena noche y luego cada uno para su casa, y en casos extremos, ni siquiera el "buenos días" por la mañana. También, aunque no haya culminado la relación, y aún en presencia de constantes conflictos y pocas o ninguna demostración de afecto, siguen juntos porque tienen buen sexo. Intentando ser buenos observadores, nos damos cuenta que en estos ejemplos hay algo claro: apego.

Por otro lado, la idealización que nace hacia la pareja (o expareja) puede nublarnos la vista y provocar apego emocional, porque "no voy a conocer a otro/a como él/ella" (y es cierto, de hecho, es la idea) "nadie me ha querido tanto", "¿Cómo voy a ser feliz sin él/ella?", entre otras creencias que te dejan suspendido y que tarde o temprano van a generar sufrimiento, uno del que se aprende pero que también puede evitarse.

Ahora, el peor de los apegos: además del emocional, el sexual. Allí sí que no sabes para dónde correr, si quedarte o irte, si irte un ratico y luego volver. Comienza la ambivalencia afectiva, las técnicas de reconquista y las clases de pole dance a ver si logro que ese hombre se quede conmigo. Junto a ello, los pensamientos de tipo "me dice que me quiere, pero no está conmigo", "sólo quiere llevarme a la cama", "me dijo que íbamos a volver, pero aún nada. Le daré tiempo" y al final, por creer que aún amamos (donde se ama no se sufre) también creemos que no habrá mejor sexo con otro. Cuidado, esto puede ser totalmente ilusorio.

¿Se puede vencer el apego? Sí. El emocional se da generalmente por, como ya mencioné, la necesidad de estima y afecto y también si estamos en presencia de una autoestima baja, las medidas desesperadas por que el otro me tome en cuenta, serán exponenciales. El apego sexual (realmente es sexual, sin involucrar afecto) es el más fácil de abandonar porque basta con intentar romper ese inestable vínculo e intentar involucrarse con alguien con similares gustos en la cama. Ojo: el término "buena cama" es totalmente coloquial, subjetivo y va a depender exclusivamente de la experiencia de los involucrados. Nada que opinar allí.

En conclusión, juntos o por separado, el apego puede aparecer si tiene el escenario dado. Aprender a soltar, evita sufrimientos innecesarios. No significa que seamos perfectos y que si no hemos pasado por eso, jamás nos va a suceder. Es bueno que pase, y lo mejor, que no se repita. 

domingo, 19 de abril de 2015

Sin ganas de amar otra vez





Es común observar que quienes culminan una relación de pareja, no se sientan motivados para empezar una nueva unión. Para ese momento, es probable que la prioridad sea otra y se coloque en último lugar el enamorarse una vez más, y si bien el enamorarse genera un estado casi obsesivo por el otro, la mayoría disfruta sentirse de esta manera. Sin embargo, recordando lo que llevó a terminar esa larga o corta pero intensa relación, nos encontramos en un estado de negación, generalmente, por el temor a sufrir o fracasar una vez más.

Aún así, no dejamos de conocer nuevas personas y aunque algunos se cierren siquiera a la idea de un "hola, me gustaría conocerte", terminan otra vez, enredados en el eros. La necesidad de ser amados podría ser más fuerte que el miedo a sufrir por amor, por supuesto, teniendo instalado en nuestros esquemas mentales que sufrir por amor está bien, no nos va a llevar a amar desde lo real sino desde lo distorsionado. Y acá es donde constantemente se repite el ciclo: me enamoro, sufro, termino. ¿Tendrá algún sentido caminar en círculos? Seguro que no.

Una vez atravesamos el duelo por la ruptura de pareja, y dependiendo del motivo de la misma, para muchos es una bendición: se liberan, se sienten merecedores de una relación mejor y están dispuestos a probar. Para otros, sobre todo si el motivo generó demasiado sufrimiento, es el cierre de puertas, la clausura a intentar amar otra vez. Surge entonces la tendencia a generalizar y considerar que sucederá lo mismo, porque "los hombres son así" o "las mujeres están todas locas", es más, algunos hasta se establecen otro tipo de alternativas y deciden quedarse solos porque "estar solo es estar mejor"

A pesar de todo esto, continuamos aceptando conocer a nuevas personas pero, por ejemplo, las tratamos mal y no mostramos interés porque en el fondo, no queremos ser rechazados (esquema mental). Esto es lo que la psicología cognitiva llamó estrategias compensatorias/aseguradoras, así, teniendo este tipo de comportamiento con el otro, provocando que se aleje, vamos a evitar el rechazo. También, pueden aparecer estrategias de evitación que paradójicamente, propician la aparición de eso que tanto evitamos. 

Es importante decir que, "mientras el modo evitativo hace que el sujeto se aleje de la situación, el estilo compensatorio surge cuando el sujeto no puede evitar o escapar del evento amenazante porque no quiere o no se siente capaz y, por tal razón, crea mamparas y escudos defensivos", por tanto, estas conductas compensatorias y evitativas, con el tiempo, se pueden transformar en profecías autorrealizadas, es decir, la forma en que las expectativas que producimos nos llevan a actuar de tal manera que nuestras profecías se cumplan. La consecuencia de ello indica que podrían aumentar las probabilidades de actuar de forma congruente con estas predicciones. Vale decir que estas profecías pueden ser positivas o negativas.

Lo verdaderamente preocupante en este sentido es que dichas estrategias se incrementen, se autoperpetuen y generen una notable resistencia al cambio. Les comparto un ejemplo tomado de un texto de Terapia Cognitiva:

Profecía: pienso que alguien no me quiere o le caigo mal.

Conducta confirmatoria: me alejo o trato de manera seca y antipática al otro, anticipándome al rechazo.

Consecuencia confirmatoria: la persona responde a mi trato antipático de manera indiferente o poco amable.

Ratificación de la profecía: concluyo que yo tenía razón, que definitivamente no le caigo bien.

Llevando el ejemplo al tema en curso, cuando decidimos "no amar otra vez" porque no nos sentimos motivados para hacerlo, suelen aparecer estrategias que van a confirmar lo que espero: no involucrarme afectivamente. Con nuestra conducta podemos lograr que el otro, por más que quiera hacernos felices, decida no hacerlo por no recibir los estímulos adecuados. Y allí se cumple la tragedia: "mejor me quedo solo, nadie me hace caso"

A través de la autoobservación es posible identificar algunas de estas estrategias, siempre y cuando se esté dispuesto a rebatir y cuestionar los esquemas mentales aprendidos previamente. En mi opinión, el amor así como puede morir, puede renacer con alguien más. No culpemos a lo externo de algo que se resuelve internamente; la posibilidad de estar en una relación sana, duradera y próspera podría ser aquello que te impulse a no temer equivocarte sino tomar lo mejor de esa experiencia y señalar dónde estuvo la falla y sobre todo, cómo no volver a cometerla.