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sábado, 25 de julio de 2015

Amor en tiempos de emigración




Ha sido de gran relevancia para muchos, sobre todo jóvenes, salir del país a como dé lugar, manifestando que la crisis económica y social no les permite construir el futuro deseado: comprar (o alquilar) un apartamento/casa, adquirir un vehículo, ejercer su profesión (y que la paguen bien), sentirse seguro al salir a la calle, emprender un nuevo negocio, entre otras metas que suenan como una vida normal y común pero que en Venezuela cada vez es más difícil alcanzar.

En este sentido, se ha desatado un tsunami migratorio que no se ha detenido, y algunos de esos emigrantes han tenido la suerte de encontrarse solteros al momento de irse, y aunque no por esto es más simple emigrar, a otros les toca no sólo extrañar a su familia sino también a esa persona con la que quisieron formar una vida juntos. Y sí, muchos emigran con su pareja y esto es afortunado, pero otros se plantean terminar con la relación anticipándose al posible fracaso de la misma una vez se vaya esa persona.

De igual manera, tenemos casos donde en efecto se acordaron planes a futuro juntos pero estando en ese nuevo país, hay un cambio de expectativas y una percepción diferente al encontrarse solo (sin pareja) en otro lugar, aún así, si la relación venía bien la probabilidad de que termine es baja, pero en ocasiones que uno de los dos decida emigrar es la “excusa perfecta” para acabar con la relación. Cuidado con esto. Además, es probable que algunos no estén preparados para llevar una relación a distancia y acá es donde comienza una nueva etapa para cada uno.

¿Cuánto tiempo llevas haciendo planes con tu pareja y de repente el contexto pudo más y ahora decidiste emigrar? Familiares y amigos comienzan a preguntar "¿Y tu novio? ¿Se van juntos" y cuando la respuesta es "No, me iré solo" da paso a múltiples conjeturas acerca de cómo será esa relación: "a lo mejor conoces a alguien allá", "¿Y si te es infiel?", "será difícil, mejor terminen antes de que sea inevitable"... Y les digo, la posibilidad de que una relación de pareja llegue a su fin por la decisión de emigrar es completamente real, pero no es lo que sucede en todos los casos y en este sentido va a estar sujeto al nivel de compromiso al que haya llegado ese vínculo amoroso.

Emigrar ya es sinónimo de empezar de cero un nuevo estilo de vida y lo ideal sería hacerlo con nuestra pareja, pero si no es el caso, ¿Por qué predecir lo que podría pasar? ¿Qué garantiza el éxito o fracaso de una decisión que apenas tomará forma? Muchos dirán que el tiempo es el encargado de eso, y puede que sí pero el tiempo es un agente externo que no podemos manejar a nuestro antojo, va a correr así no lo queramos. Entonces, será la propia voluntad, la disposición y una actitud favorable lo que cambie el panorama frío y oscuro de -posiblemente- terminar la relación cuando se vaya.

Mientras más fuerte es el nivel de compromiso de una pareja, menor probabilidad de ruptura. Y este es el punto de este texto. Mantener una relación a flote requiere de esfuerzo de parte de ambos, pero no es agotador, todo lo contrario; estar con esa persona es motivo de alegría, aunque sea una hora a su lado es sentirse dichoso y a distancia requiere sólo un poco más, es menos cómodo porque hay que viajar, distribuir mejor el tiempo y el dinero y el encuentro tiene fecha de caducidad, pero aún así no se deja de disfrutar.

Quienes se han encontrado en una relación a distancia pueden reconocer que los kilómetros no importan para amar a alguien, otros en cambio, y muchas veces por malas experiencias, condenan este tipo de relaciones y las cargan de juicios que no son más que sesgos perceptivos de su propia vivencia. Tenemos también a quienes nunca se ha encontrado en una relación lejana y a ellos cuando les toca despedir a su pareja en el aeropuerto, les es más difícil tolerar que no puedan ver a su amor en mucho tiempo. Y esta es otra variable a tomar en cuenta, ¿Estoy dispuesto a manejar mi tolerancia a la frustración cada vez que quiera ver a mi pareja y no sea posible porque se fue del país? Y hay quienes pueden, así que sin duda, es posible.

Si decides emigrar y no puedes irte con tu pareja, conversa bien acerca de las expectativas que había hasta ese momento sobre la relación, hacer un review de qué lograron, qué mejoraron juntos, qué les faltó y si hay un nivel de compromiso que les permita decidir si habrá ruptura o no. Tampoco se trata de darle continuidad a una relación que siempre será a distancia, porque por supuesto no es sano, pero sí de replantear los planes iniciales y si pueden encontrarse pronto, sería maravilloso.


Como dije en unos párrafos más arriba, no podemos predecir el éxito o el fracaso de una decisión si sólo conocemos sus consecuencias por lo que nos han dicho o por lo que vivimos anteriormente. Cada experiencia, por más similar que parezca, será una nueva manera de vivir. Y de eso se trata amar a alguien que hoy estuvo por mucho tiempo a nuestro lado y que por decidir un futuro mejor, se tuvo que quedar atrás por la razón que sea, pero si es temporal, hay esperanza. Si las expectativas de ambos son diametralmente opuestas, lo maduro y sensato es no continuar (y para llegar a esto no hace falta irse del país) y si pueden encontrar puntos en común en cuanto a un futuro lejos de estas tierras, probablemente haya sido una decisión bien tomada.

miércoles, 1 de julio de 2015

Aprendiendo a querer




Hace unos días iba caminando por la calle cuando miré a una pareja de adolescentes tomados de la mano y pensé “qué bonito es el primer amor… aunque a veces sea atropellado” (suponiendo que era ese el primero) y así como en muchas ocasiones, la primera vez que hacemos algo, no suele salir del todo bien; pareciera entonces que es el momento de cometer el primer error o “meter la pata”, sin embargo, es natural que esa porción de error esté presente en lo que hagamos, pues no somos perfectos. Y les digo, aunque algunos insisten en que comenzar un noviazgo en la adolescencia y permanecer juntos para siempre es lo ideal, a veces no es así.  

Cuando somos adolescentes vivimos cambios profundos, tanto físicos como psíquicos que constituyen caracteres propios y que los experimentamos dependiendo de las condiciones psicofísicas, raciales, culturales, entre otras, que van a determinar de cierta manera nuestro comportamiento. Surge entonces esa necesidad de estima, de ser queridos por alguien más, que no sea un familiar, que sea un extraño con quien puedan experimentar eso que llaman amor y vivir un noviazgo.

Aunque en nuestra adolescencia tengamos modelos sobre cómo formar pareja, realmente nadie nos enseña a querer, sumado a esas preguntas existenciales de ¿Quién soy? , ¿Hacia dónde voy? Y ese pie en la adultez y el otro en la niñez, nos sentimos confundidos y nos preguntamos más y más acerca de nosotros y de lo que hacen o dicen los otros. “Mamá, ¿por qué si fulano puede tener novia, yo no?” y así vamos hasta encontrarnos en un caos psicológico que creemos calmar con una relación de pareja.

Aprender a querer a alguien más es una tarea individual y subjetiva. Nos fijamos en su mirada, en su sonrisa, en su forma de caminar y luego vamos conociendo cómo se comporta ante cada situación o persona que se presente y sin notarlo comenzamos a sentir afecto por el otro, nos identificamos porque nos gusta el mismo tipo de música, las mismas películas y hasta la misma comida. La confianza hacia el otro crece de acuerdo con nuestro estado emocional y nos va a empujar a involucrarnos con este. Almas gemelas, media naranja, el amor de mi vida. No habrá más, con esta persona me quedo.

La experiencia es nuestro respaldo al momento de crearnos conceptos sobre algo en específico, por más que conozcamos su teoría, la práctica es lo que nos dará la veracidad de la misma y así también sucede con las relaciones de pareja. Sí, es posible conocer y quedarse con la única persona de la que te enamoraste desde que eras un niño, pero no tendrás mucha información al momento de saber si es sana esa manera de amar o no. Con esto no significa que mientras más parejas tengas, mejor. No. Significa que mientras de mejor calidad sea cada relación que vivas, podrás identificar las fallas y tratar de no repetir errores. Con una única relación se hace más complicado revisar qué hay que cambiar. Toda relación de pareja está llena de cambios, eso la hace crecer y ser funcional.

Cuando vivimos una relación de pareja y esta termina la realidad cambia, ya no se siente tan bonito y aquí es donde comprendimos lo aprendido durante esa relación y el dolor sirvió de maestro o donde lo único que aprendimos  fue a colocar etiquetas a las personas para descartarlas porque sufrimos luego de la ruptura.  Es este el ejercicio a realizar. ¿Qué me quedó de esa primera relación? de esa persona que conocí en el colegio y me encantó desde el día uno. Ahora que crecí, ¿Cómo no repetir lo malo que aprendí y seguir buscando lo bueno? Aunque haya quienes comiencen a tener pareja al inicio de la etapa adulta, también es prudente realizarse estas preguntas si ese vínculo se llega a romper, pero lo general es que nos involucremos afectivamente desde temprana edad.

Lo seguro es que la experiencia servirá de referente en un futuro y va a formar parte de las creencias acerca de una relación afectiva. Justo por eso es delicado, porque aún no se ha alcanzado un nivel de madurez emocional que corresponda con lo que implica comenzar y mantener una relación de pareja. Aún así, ¿Cómo negarles a los adolescentes que se enamoren? Imposible, pero sin duda como padres o amigos podemos intentar orientarlos en semejante camino, que sí, es maravilloso pero lo percibimos de esta manera cuando ya hemos recorrido mucho de ese trayecto y con cada vez, amamos mejor, por más que hayamos repetido el patrón inadecuado, un día despertamos y nos damos cuenta que el amor no duele, no te hace sufrir y no hace falta demostrarlo incesantemente para confirmar que existe. El amor ES, así, sin más.

domingo, 3 de mayo de 2015

¿Apego emocional o apego sexual?




Ayer se me ocurrió realizar una pequeña encuesta, bastante informal, entre conocidos y amigos. Surgió una duda en mi respecto a qué es eso que mantiene "amarrado" (o apegado) un hombre a una mujer, ¿Son los sentimientos hacia esta o el ser una "buena cama"? En vista de lo subjetivo del asunto, las respuestas fueron diversas y desde la experiencia de cada uno de los encuestado (los mismos fueron hombres). A modo de resumen, estos fueron los resultados:

La mayoría de ellos dicen que "un poco de cada uno" es lo que los apega más a una mujer, otros mencionaron categóricamente que una buena cama es lo que les moviliza a mantenerse aferrados a ella y sólo unos pocos mencionaron que son los sentimientos. Hubo una respuesta en particular donde me dijeron: "una buena cama, eso desarrolla los sentimientos" y confieso me quedé pensando si en efecto hablaba de esa mezcla a la que hicieron referencia los otros encuestados.

El apego responde a la necesidad de estima y afecto, pero de una forma más intensa, y nace del vínculo que crea el niño con la madre o cuidador. Un apego sano creará una personalidad sana, sin embargo, en la adolescencia o la adultez puede verse distorsionado. Para ejemplificarlo mejor, el apego puede presentarse tal como la conducta adictiva: no puedo abandonarlo, me siento aferrado a ello y aunque quiera soltarlo, me es imposible. Entonces, específicamente en las relaciones de pareja (o intentos de pareja) suelen darse vínculos que pueden derivar en apegos y que se tornan claramente incómodos en cierto punto. Sobre todo cuando la relación llega a su fin, cualquiera que sea el motivo, aún "muerto" el sentimiento o el deseo, soltar a esa persona se convierte en una lucha de día a día.

Existen muchas exparejas donde prevalece sin duda, el apego sexual. Aunque se trate de disfrazar y confundir con un "todavía te quiero", la relación queda expresada sólo en términos de ir al hotel, tener una buena noche y luego cada uno para su casa, y en casos extremos, ni siquiera el "buenos días" por la mañana. También, aunque no haya culminado la relación, y aún en presencia de constantes conflictos y pocas o ninguna demostración de afecto, siguen juntos porque tienen buen sexo. Intentando ser buenos observadores, nos damos cuenta que en estos ejemplos hay algo claro: apego.

Por otro lado, la idealización que nace hacia la pareja (o expareja) puede nublarnos la vista y provocar apego emocional, porque "no voy a conocer a otro/a como él/ella" (y es cierto, de hecho, es la idea) "nadie me ha querido tanto", "¿Cómo voy a ser feliz sin él/ella?", entre otras creencias que te dejan suspendido y que tarde o temprano van a generar sufrimiento, uno del que se aprende pero que también puede evitarse.

Ahora, el peor de los apegos: además del emocional, el sexual. Allí sí que no sabes para dónde correr, si quedarte o irte, si irte un ratico y luego volver. Comienza la ambivalencia afectiva, las técnicas de reconquista y las clases de pole dance a ver si logro que ese hombre se quede conmigo. Junto a ello, los pensamientos de tipo "me dice que me quiere, pero no está conmigo", "sólo quiere llevarme a la cama", "me dijo que íbamos a volver, pero aún nada. Le daré tiempo" y al final, por creer que aún amamos (donde se ama no se sufre) también creemos que no habrá mejor sexo con otro. Cuidado, esto puede ser totalmente ilusorio.

¿Se puede vencer el apego? Sí. El emocional se da generalmente por, como ya mencioné, la necesidad de estima y afecto y también si estamos en presencia de una autoestima baja, las medidas desesperadas por que el otro me tome en cuenta, serán exponenciales. El apego sexual (realmente es sexual, sin involucrar afecto) es el más fácil de abandonar porque basta con intentar romper ese inestable vínculo e intentar involucrarse con alguien con similares gustos en la cama. Ojo: el término "buena cama" es totalmente coloquial, subjetivo y va a depender exclusivamente de la experiencia de los involucrados. Nada que opinar allí.

En conclusión, juntos o por separado, el apego puede aparecer si tiene el escenario dado. Aprender a soltar, evita sufrimientos innecesarios. No significa que seamos perfectos y que si no hemos pasado por eso, jamás nos va a suceder. Es bueno que pase, y lo mejor, que no se repita. 

domingo, 5 de abril de 2015

Ser infiel también duele

En general, suele describirse la infidelidad desde el lugar de la víctima y no del infiel, mucho menos del amante. Se tiene la falsa creencia que el infiel es un ser que debe rechazarse y que tiene una suite reservada en el infierno, ¿Pero quiénes se preguntan acerca de la situación del "malo" de la historia? es seguro que muy pocos y de eso quiero hablarles.

La infidelidad en su etiología se utilizó para referirse a las personas que "profesaban una fe distinta a la católica apostólica romana, con este calificativo se acusaba y perseguía a los judíos, protestantes y musulmanes en España. Los infieles eran los contrarios a la fe hegemónica de la Iglesia Católica, por eso fueron perseguidos incluso hasta la muerte durante varios siglos", el uso de la palabra infidelidad se fue extendiendo con el tiempo y hoy se utiliza para referirse a la infidelidad en la relación de pareja. En nuestra sociedad, es conocida como la traición a la confianza del otro y al acuerdo de exclusividad sexual y afectiva previamente establecido (en su mayoría, de manera tácita).

La infidelidad es sin duda, multicausal. Es inadecuado referirnos a un solo tipo de causa cuando estamos hablando de seres humanos y cada quien tiene su propia estructura de pensamientos y creencias que lo llevan a actuar de determinado modo, por más que existan indicadores en los que podamos englobar a muchos de ellos. En este sentido, y tomando en cuenta al colega Javier Martín Camacho (en su libro, Fidelidad e Infidelidad en las Relaciones de Pareja: nuevas respuestas a viejos interrogantes) mencionaré las causas más comunes:

1. El aburrimiento y el riesgo de la rutina (el más frecuente)

2. La vanidad (posible en personas con rasgos narcisistas)

3. Las creencias:

"Por una sola vez" 
"Igual no tiene por que enterarse"
"Yo no voy a quedar como un imbécil"
"No me voy a perder esta oportunidad"
"Todo el mundo lo hace"
"La palabra infidelidad no existe en mi vocabulario"
"Los hombres somos así"
"Mientras no me involucre afectivamente todo bien"
"Es sólo sexo"
"El sexo es sexo y la pareja es otra cosa"
"Él/ella también lo haría"
"Lo voy a poder manejar"
"Si ella/él no me satisface..."
"Con mi pareja ni loco/a podría hacer esto"

4. Los valores (más probable en personas que no aprendieron valores morales)

5. Problemas de comunicación, comprensión y entendimiento (negar, subestimar y por lo tanto, acumular problemas en la relación de pareja)

6. La soledad (asociado con tristeza, aislamiento y depresión. Más común en mujeres)

7. La falta de gratificación sexual (Más común en hombres)

8. La falta de amor (disminución del afecto. Del "amor" al "querer")

9. Carencias afectivas (distanciamiento afectivo. Falta de reconocimiento por parte del otro)

10. Expectativas muy altas sobre la relación de pareja (expectativa versus realidad)

11. Situaciones estresantes y traumáticas (dificultades laborales, económicas, de salud, etc.)

12. Las presiones sociales (reconocimiento social por ser infiel. Mejor visto en hombres que en mujeres)

13. La curiosidad (búsqueda de lo novedoso)

14. La búsqueda de aventuras (necesidad de nuevas emociones)

Es una larga lista, ¿No es así? y pueden existir muchas causas más que motiven a alguien a cometer una infidelidad, que si bien no justifica la conducta ya que genera un daño a la relación y a la pareja en sí, es posible explicar de dónde surge, en gran parte por la dificultad en el control de los impulsos, siendo esto lo que lo lleva a "caer en la tentación" y en general se desconoce o se echa a un lado. Además, las diferencias individuales nos darán más datos acerca de qué tan probable es que la persona a nuestro lado vaya a ser infiel.

Existe una tendencia a colocarse del lado de la persona engañada y no observamos qué hay del otro lado de la acera, ¿Será realmente cierto que el infiel se ve afectado por tal decisión? Sí, sin duda. A menos que estemos hablando de una persona con ausencia de empatía y que sus necesidades estén por encima de su pareja, no experimentará ningún tipo de consideración hacia esta ni aceptará que lo que hizo estuvo mal. Pero tratándose de alguien que es capaz de admitir su error (es decir, alguien con mayor capacidad de responsabilidad), sobreviene el sentimiento de culpa y aunado a ello pensamientos negativos en torno a lo sucedido que claramente deteriorará su salud mental. Una persona que se involucra en una infidelidad podría estar atravesando por una etapa de poca valía personal, baja autoestima, sentirse poco o nada atractivo, y en su deseo de reafirmarse, busca nuevas parejas para sentirse aceptado, querido y deseado.

Por otra parte, entre los tipos de infidelidad más complicados, tenemos: la infidelidad compulsiva y la doble vida. La primera, es aquella donde la persona constantemente engaña a su pareja y no desperdicia una oportunidad para ser infiel; se convierte en un hábito patológico, ya que podría tener dificultades en controlar el impulso sexual y puede caer en situación de promiscuidad. La doble vida, son aquellas relaciones donde la persona mantiene dos familias paralelas, existen vínculos afectivos sólidos y estables con ambas. También puede haber hijos y en general alguna de las partes está enterada de la situación.

Existen además, otros tipos de infidelidad: sin relación sexual, con relación sexual, de pensamiento (y a esta hay que mirarla con lupa. De acuerdo con mi postura, no constituye una infidelidad) devaneos amorosos, infidelidades platónicas, "de una vez", esporádicas, fijas, plenas o puras... Cabe destacar que la posible aparición de alguna de estas va a depender del nivel y ciclo vital de la relación de pareja. Cada pareja es un mundo.

Lo verdaderamente importante es trabajar en pro de la prevención e identificando los riesgos. Si fuiste infiel y no tienes idea de cómo sobrellevarlo, lo primero es darte cuenta del nivel de responsabilidad que tienes al haber tomado la decisión de serle infiel a tu pareja. Por otro lado, preguntarte si realmente quieres continuar esa relación y poner sobre la mesa las consecuencias de comunicar o callar lo que hiciste. Además, si te encuentras en la posición de elegir entre el/la amante y tu pareja, no olvidar el precedente que marca a partir de ahora, tanto para tu actual situación sentimental como para el futuro en caso de no funcionar.

Conociendo lo extenso de este tema, no podemos ignorar que en una situación de infidelidad, no es sólo el engañado quien se ve afectado (suponiendo que está al tanto) sino también quien comete el engaño. Tiene motivos, racionales o no, carece de control de impulsos y tiene creencias y valores muy firmes que no le permiten darse cuenta del daño que puede causar, tanto a su pareja como a sí mismo.

"La mujer perdona infidelidades, pero no las olvida. El hombre las olvida, pero no las perdona" 
Catalina Severo.

viernes, 18 de abril de 2014

Monotonía: el monstruo de las parejas





Hace un tiempo se me ocurrió que algún día debía escribir sobre este silencioso monstruo que ataca y perjudica a las parejas, hoy decidí dejar de callar lo que pienso al respecto.

Durante la búsqueda de pareja, que muchas veces no es una acción consciente, no tomamos en cuenta conductas preventivas acerca del posible vínculo afectivo que vayamos a crear con alguien más. Sea el mismo sexo, o del sexo opuesto, las relaciones afectivas suelen tener características similares, después de todo, hablamos de personas. ¿Qué quiero decir con "conductas preventivas"?, me refiero a acciones que vayan encauzadas a tratar de "evitar" que aparezca este monstruo llamado monotonía. Él está ahí, al acecho, esperando un espacio libre para hacer acto de presencia y les aseguro que no lo notan, tiene la capacidad de ser invisible, se adapta a los estilos de vida de los involucrados, copia casi a la perfección la dinámica de la pareja en cuestión y se convierte en una especie de enfermedad terminal, donde muchas veces al darnos cuenta, ya ha hecho demasiado daño.

Al enamorarnos, estado que se parece un poco a un estado patológico de tipo obsesivo, donde esta persona ocupa nuestro tiempo, espacio, pensamientos y emociones, no tenemos la mente enfocada en otra cosa que no sea "él" o "ella" y somos capaces de olvidarnos por completo de nosotros, no pensamos, sólo sentimos. De esta manera, con un par de tórtolos envueltos en el eros: la atracción, las ganas de estar cerca, los besos, los abrazos, compartir, conversar cualquier tontería, suele ser complicado pisar suelo y darse cuenta del tipo de relación que se está gestando y el nivel en que ese vínculo puede mantenerse y perdurar en el tiempo.

¿Quién quiere imaginarse lejos física o emocionalmente de la persona que nos gusta y que muchas veces, creemos amar en un tiempo récord? Supongo fue fácil responder esta pregunta. Ahora bien, ¿Has pensado en que lo eterno no existe, que los "para siempres" son una ilusión y que tal vez esa relación podría ser más de lo mismo? Es probable que esta pregunta no haya sido tan fácil de responder y esto va a la par con lo poco analíticos pero muy idealistas que podemos llegar a ser, esto sería como poner a discutir a Platón y a Descartes.

Piensa un poco en tus últimas relaciones de pareja, llámese noviazgo, "amigovios", amigos con derecho, relaciones abiertas, uniones de hecho o matrimonio. ¿En qué se asemejan? ¿Qué las hizo mantenerse? ¿Qué las llevó al fracaso?, y si actualmente estás experimentando alguna: ¿Por qué siguen juntos? ¿Es más de lo mismo? ¿Hay planes a futuro o todo queda en un "carpe diem"? Quiero pensar que te has hecho estas preguntas alguna vez y sobre todo, que has tenido la suficiente objetividad para responderlas a pesar de ser uno de los protagonistas. La monotonía destruye de forma endógena, de adentro hacia afuera, y puede estar presente en cada una de las preguntas que acabo de plantear, haciendo de las suyas sin que tú o tu pareja lo hayan notado. Si la reconoces, ya diste el primer paso.

He mencionado incontables veces que no existe fórmula mágica para ser feliz o para mantenerse dentro de los estándares sociales, así como también he mencionado muchas veces que lo espontáneo le da paso a experiencias que quizá no esperábamos vivir. La "chispa" que te une inevitablemente a la persona que amas, esa chispa que probablemente descubriste en el primer beso, en la primera mirada o en la primera vez que pasaron una noche juntos. De seguro son momentos inolvidables y son recuerdos que bajo ningún concepto deben utilizarse para torturarnos y decirnos "¿Por qué no puede volver a ser todo como antes?"... aprovecho para responder: una situación no puede ser "como antes" pues estamos sometidos al cambio, aunque no nos guste, estamos en constante evolución. Quizá algunos se sientan estancados y realmente lo estén, siendo presos de su propia monotonía porque le temen a cambiar, pero aún así, es posible ir de mal en peor (lo que supone, un cambio de tipo negativo)

¿Tienes idea de cuál es el color favorito de tu pareja? ¿Su comida favorita, su lugar preferido y lo que más le gusta hacer? En cada afición y hobbie es probable hacerle la guerra -limpiamente- a la monotonía.  Atreverse es la palabra clave. Adoptar nuevos aspectos para la propia personalidad podrían "desmonotizar" tu relación, ya basta del "es que yo soy así. No me nace ser romántico" ¿Cómo sabes que NO eres lo que nunca te has atrevido a ser? Arriesgarse responsablemente podría retrasar la llegada de rutinas incansables, que te hagan creer que la chispa murió, que el amor se acabó y que es mejor terminar.

La monotonía aburre, agota, cansa, genera hastío, nos resta energía vital, nos paraliza y en otros casos, nos hace salir corriendo. Sé creativo, estimula tu propia inteligencia emocional, lo que no sepas, pregúntaselo. Lo que quieras hacer que nunca hayan hecho, propónselo, ¿Qué podrías perder? Sorpréndele, no permitas que el mismo mensaje de buenos días sea a la misma hora, si nunca le has obsequiado flores, hoy es el momento para hacerlo. ¿No le gustan las flores? regálale unas de papel, seguro chocará con su creencia de que las flores son para los muertos o le dan alergia. Los detalles mantienen viva la chispa que he venido mencionando, la comunicación refuerza la aparición de estos detalles. Si tanto te gusta y tanto lo quieres, díselo de mil formas: con palabras, con gestos, con caricias, con regalos, por escrito, cocinando para él, seduciéndolo... entre otras muchas maneras. Queda a tu criterio.

Otra área importante y para cerrar con broche de oro: sexo. Vaya que cuando la monotonía se aparece en la cama, es tan perezosa que no quiere irse por nada del mundo. La palabra clave es la misma: atrévete. Quizá tus principios y tu alta moral no te permitan llevar a cabo ciertos actos sexuales, pero la fantasía seguro que te los ha cruzado por la mente, aún en contra de tu "soy incapaz de hacer eso" ¿o no? Vamos de nuevo, hay que comunicarse con la pareja. El sexo creativo es la estocada mortal a la monotonía, y esto implica, incluso, cambiar la cama de lugar o hacerlo en muchos otros lugares que no tengan que ver con un colchón y unas sábanas. Descubre tu propia capacidad de satisfacer a tu pareja e invítale a que se autodescubra también. Al quitarte la ropa, también quítate los prejuicios que tienes acerca del sexo. Nos limitamos demasiado, cuando hay tanto por hacer. Cuestiona tu moralidad, no vas a dejar de ser una buena persona por haber decidido tener sexo con tu pareja en un motel.

Está bien todo aquello que hagas que no perjudique a otro. La monotonía aparece por querer seguir los mismos pasos, a la misma hora, en el mismo lugar. Disfruta lo bueno, soluciona lo malo, si no se puede pues hay que dejarlo ir. Que el miedo te movilice y te permita cambiar, acércate a lo nuevo, no sabrás si es malo o bueno hasta que lo conozcas. Piensa en lo que sientes, hazlo diferente.