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sábado, 29 de agosto de 2015

El primer amor... ¿Realmente se olvida?



Resulta común escuchar entre la gente que cuando jóvenes tuvieron un primer amor, alguien que "les enseñó a amar", por quien sintieron por primera vez eso que llaman amor. Describir el amor sería alterar su esencia, ya que por ser un sentimiento, cada persona lo experimentará de acuerdo con sus creencias acerca del mismo y otros simplemente lo van a sentir sin llegar a identificar por qué o cómo es que se siente así. En este sentido, es posible que existan características similares entre la mayoría de las personas sobre cómo fue el primer amor y sin duda, algunos dirán que pudieron olvidarlo, otros lo recuerdan como si hubiera sido ayer y hay quienes incluso expresan no haber conocido aún el amor.

Hay muchas formas de ver expresado el amor, no sólo cuando tenemos pareja, sino también el amor hacia padres, abuelos, hermanos, tíos y otros familiares, así como podemos amar lo que hacemos y también existen los filántropos, quienes aman a la humanidad y todo lo que a ella respecta, siendo personas sumamente altruistas y consideradas con el otro, empáticos y desinteresados al momento de brindar apoyo y ayuda siendo placentero para ellos. Ya con esto es evidente que amar podría ir más allá de lo que creemos acerca del amor, que no importa si aprendimos a ver el amor como atadura, es posible transformarlo y comenzar a amar mejor, porque aunque describirlo es subjetivo, el amor no supone en sí ser un sentimiento displacentero. Universalmente, el amor indica unión, afecto y entrega hacia algo o alguien.

¿Cómo hablar del primer amor sin haberlo conocido? Sería una tarea bastante complicada, y hay quienes tratan de rememorar si en verdad existió, si realmente lo conocieron, mientras otros se preguntan si algún día van a olvidarlo. El olvido en sí no es olvido, simplemente no nos detenemos a recordar y hay muchísima información almacenada en nuestra mente a la que no accedemos de manera consciente, a menos que intentemos enfocar y traer el recuerdo, siendo nuestra no muy exacta memoria la encargada de indicarnos si algo fue así. Sin embargo, el sesgo de memoria es inevitable y la mayoría de las veces alteramos los recuerdos, haciendo una sobrevaloración de los mismos u omitiendo muchos detalles, y está bien, olvidaremos palabras y algunos rostros, pero pocas o ninguna vez olvidaremos cómo nos sentimos con alguien.

La memoria emocional se activa ante cualquier estímulo que podamos asociar con esa experiencia pasada, estas experiencias tienen la característica de haber sido muy intensas y vívidas, por lo que el recuerdo podría ser tal como encontrarse nuevamente en la misma situación. Será entonces la memoria emocional quien despierte los recuerdos acerca del primer amor, aunque no sea cada día a su lado, serán los momentos más significativos: esas tonterías que hicieron juntos, los riesgos que decidieron tomar "por amor", los besos, las caricias y hasta hacer el amor, sensaciones que fueron únicas e incomparables por más que hayas encontrado una nueva pareja y consideras que es "mejor" que esa persona, recuerda que en tu tiempo presente puede ser mejor, pero en el pasado el "mejor" era tu primer amor.

En muchas ocasiones, el primer amor no siempre fue cálido, bueno, afectuoso y feliz, por el contrario, fue dominante, castrante, invasivo y maltratador, mantiéndote atado, sin voz para expresarte y atrapado en un círculo de dependencia que no sabías abandonar. El primer amor pudo ser tormentoso en todo el sentido de la palabra, pero es el mejor referente que tienes para reestructurar lo que entiendes por amor y cómo relacionarte nuevamente aunque esté latente el miedo a sufrir. Amar a alguien sin miedo a perderlo (debido a esa falsa ilusión de que lo "tenemos") podría conllevar a tener conductas que no te inviten a esforzarte por estar a su lado, a creer que como sabe que le amas y te ama, va a permanecer pase lo que pase; es muy probable que ese miedo a perder al ser amado sea lo que nos impulse a hacer lo que esté a nuestro alcance para que no suceda; somos el anfitrión de nuestra pareja, le damos y mostramos quién somos realmente con la intención de que se sienta cómoda y no se vaya de nuestro lado.

De cierto modo existe un apego hacia la pareja, este apego ha de ser un apego sano, seguro y libre de sufrimiento, que sientas miedo a perderlo no siempre significa que vayas a actuar de forma desesperada y sumisa, complaciéndole en todo sólo para que no se aleje. No. Se trata de internalizar una realidad: la relación no es eterna (nada lo es) y desconocemos el tiempo que estaremos a su lado, es decir que es posible que "lo perdamos", pero nos vamos a encargar de disminuir la probabilidad de ocurrencia. Lo amaremos bien, para que se sienta bien y no decida irse. ¿El amor todo lo puede? Eso creen muchos, en mi opinión hace falta algo más que amor, quien por sí solo es un sentimiento y que si no va acompañado de acciones coherentes con lo que se dice, no importa cuánto amor digas sentir, si el otro no lo percibe, es como si no existiera.

¿Crees entonces que realmente olvidamos el primer amor? Si no lo recuerdas, tal vez no lo has conocido o quizá esa o esas relaciones que has tenido no fueron lo suficientemente intensas y por lo tanto, no tan significativas para ti. Algunos aún se encuentran junto a su primer amor, otros decidieron seguir sin él y están felices con alguien más, ¿Pero dejaron de recordar lo que vivieron? no te asustes, no significa que no superaste a tu ex, recordar sin dolor ya es haberlo dejado ir, no olvidarlo es valorar su existencia, porque aunque no estén juntos, fue el ensayo y el error que te permitió ser mejor. Nunca es tarde para conocer el amor, nos enamoramos miles de veces, podemos amar más de una vez y mejor cada nueva relación, porque estamos en constante aprendizaje sobre relacionarnos con los otros, y mientras algunos repiten patrones porque algo deben resolver, otros sanan las heridas, viven el amor y recuerdan sin dolor.

sábado, 25 de julio de 2015

Amor en tiempos de emigración




Ha sido de gran relevancia para muchos, sobre todo jóvenes, salir del país a como dé lugar, manifestando que la crisis económica y social no les permite construir el futuro deseado: comprar (o alquilar) un apartamento/casa, adquirir un vehículo, ejercer su profesión (y que la paguen bien), sentirse seguro al salir a la calle, emprender un nuevo negocio, entre otras metas que suenan como una vida normal y común pero que en Venezuela cada vez es más difícil alcanzar.

En este sentido, se ha desatado un tsunami migratorio que no se ha detenido, y algunos de esos emigrantes han tenido la suerte de encontrarse solteros al momento de irse, y aunque no por esto es más simple emigrar, a otros les toca no sólo extrañar a su familia sino también a esa persona con la que quisieron formar una vida juntos. Y sí, muchos emigran con su pareja y esto es afortunado, pero otros se plantean terminar con la relación anticipándose al posible fracaso de la misma una vez se vaya esa persona.

De igual manera, tenemos casos donde en efecto se acordaron planes a futuro juntos pero estando en ese nuevo país, hay un cambio de expectativas y una percepción diferente al encontrarse solo (sin pareja) en otro lugar, aún así, si la relación venía bien la probabilidad de que termine es baja, pero en ocasiones que uno de los dos decida emigrar es la “excusa perfecta” para acabar con la relación. Cuidado con esto. Además, es probable que algunos no estén preparados para llevar una relación a distancia y acá es donde comienza una nueva etapa para cada uno.

¿Cuánto tiempo llevas haciendo planes con tu pareja y de repente el contexto pudo más y ahora decidiste emigrar? Familiares y amigos comienzan a preguntar "¿Y tu novio? ¿Se van juntos" y cuando la respuesta es "No, me iré solo" da paso a múltiples conjeturas acerca de cómo será esa relación: "a lo mejor conoces a alguien allá", "¿Y si te es infiel?", "será difícil, mejor terminen antes de que sea inevitable"... Y les digo, la posibilidad de que una relación de pareja llegue a su fin por la decisión de emigrar es completamente real, pero no es lo que sucede en todos los casos y en este sentido va a estar sujeto al nivel de compromiso al que haya llegado ese vínculo amoroso.

Emigrar ya es sinónimo de empezar de cero un nuevo estilo de vida y lo ideal sería hacerlo con nuestra pareja, pero si no es el caso, ¿Por qué predecir lo que podría pasar? ¿Qué garantiza el éxito o fracaso de una decisión que apenas tomará forma? Muchos dirán que el tiempo es el encargado de eso, y puede que sí pero el tiempo es un agente externo que no podemos manejar a nuestro antojo, va a correr así no lo queramos. Entonces, será la propia voluntad, la disposición y una actitud favorable lo que cambie el panorama frío y oscuro de -posiblemente- terminar la relación cuando se vaya.

Mientras más fuerte es el nivel de compromiso de una pareja, menor probabilidad de ruptura. Y este es el punto de este texto. Mantener una relación a flote requiere de esfuerzo de parte de ambos, pero no es agotador, todo lo contrario; estar con esa persona es motivo de alegría, aunque sea una hora a su lado es sentirse dichoso y a distancia requiere sólo un poco más, es menos cómodo porque hay que viajar, distribuir mejor el tiempo y el dinero y el encuentro tiene fecha de caducidad, pero aún así no se deja de disfrutar.

Quienes se han encontrado en una relación a distancia pueden reconocer que los kilómetros no importan para amar a alguien, otros en cambio, y muchas veces por malas experiencias, condenan este tipo de relaciones y las cargan de juicios que no son más que sesgos perceptivos de su propia vivencia. Tenemos también a quienes nunca se ha encontrado en una relación lejana y a ellos cuando les toca despedir a su pareja en el aeropuerto, les es más difícil tolerar que no puedan ver a su amor en mucho tiempo. Y esta es otra variable a tomar en cuenta, ¿Estoy dispuesto a manejar mi tolerancia a la frustración cada vez que quiera ver a mi pareja y no sea posible porque se fue del país? Y hay quienes pueden, así que sin duda, es posible.

Si decides emigrar y no puedes irte con tu pareja, conversa bien acerca de las expectativas que había hasta ese momento sobre la relación, hacer un review de qué lograron, qué mejoraron juntos, qué les faltó y si hay un nivel de compromiso que les permita decidir si habrá ruptura o no. Tampoco se trata de darle continuidad a una relación que siempre será a distancia, porque por supuesto no es sano, pero sí de replantear los planes iniciales y si pueden encontrarse pronto, sería maravilloso.


Como dije en unos párrafos más arriba, no podemos predecir el éxito o el fracaso de una decisión si sólo conocemos sus consecuencias por lo que nos han dicho o por lo que vivimos anteriormente. Cada experiencia, por más similar que parezca, será una nueva manera de vivir. Y de eso se trata amar a alguien que hoy estuvo por mucho tiempo a nuestro lado y que por decidir un futuro mejor, se tuvo que quedar atrás por la razón que sea, pero si es temporal, hay esperanza. Si las expectativas de ambos son diametralmente opuestas, lo maduro y sensato es no continuar (y para llegar a esto no hace falta irse del país) y si pueden encontrar puntos en común en cuanto a un futuro lejos de estas tierras, probablemente haya sido una decisión bien tomada.

miércoles, 1 de julio de 2015

Aprendiendo a querer




Hace unos días iba caminando por la calle cuando miré a una pareja de adolescentes tomados de la mano y pensé “qué bonito es el primer amor… aunque a veces sea atropellado” (suponiendo que era ese el primero) y así como en muchas ocasiones, la primera vez que hacemos algo, no suele salir del todo bien; pareciera entonces que es el momento de cometer el primer error o “meter la pata”, sin embargo, es natural que esa porción de error esté presente en lo que hagamos, pues no somos perfectos. Y les digo, aunque algunos insisten en que comenzar un noviazgo en la adolescencia y permanecer juntos para siempre es lo ideal, a veces no es así.  

Cuando somos adolescentes vivimos cambios profundos, tanto físicos como psíquicos que constituyen caracteres propios y que los experimentamos dependiendo de las condiciones psicofísicas, raciales, culturales, entre otras, que van a determinar de cierta manera nuestro comportamiento. Surge entonces esa necesidad de estima, de ser queridos por alguien más, que no sea un familiar, que sea un extraño con quien puedan experimentar eso que llaman amor y vivir un noviazgo.

Aunque en nuestra adolescencia tengamos modelos sobre cómo formar pareja, realmente nadie nos enseña a querer, sumado a esas preguntas existenciales de ¿Quién soy? , ¿Hacia dónde voy? Y ese pie en la adultez y el otro en la niñez, nos sentimos confundidos y nos preguntamos más y más acerca de nosotros y de lo que hacen o dicen los otros. “Mamá, ¿por qué si fulano puede tener novia, yo no?” y así vamos hasta encontrarnos en un caos psicológico que creemos calmar con una relación de pareja.

Aprender a querer a alguien más es una tarea individual y subjetiva. Nos fijamos en su mirada, en su sonrisa, en su forma de caminar y luego vamos conociendo cómo se comporta ante cada situación o persona que se presente y sin notarlo comenzamos a sentir afecto por el otro, nos identificamos porque nos gusta el mismo tipo de música, las mismas películas y hasta la misma comida. La confianza hacia el otro crece de acuerdo con nuestro estado emocional y nos va a empujar a involucrarnos con este. Almas gemelas, media naranja, el amor de mi vida. No habrá más, con esta persona me quedo.

La experiencia es nuestro respaldo al momento de crearnos conceptos sobre algo en específico, por más que conozcamos su teoría, la práctica es lo que nos dará la veracidad de la misma y así también sucede con las relaciones de pareja. Sí, es posible conocer y quedarse con la única persona de la que te enamoraste desde que eras un niño, pero no tendrás mucha información al momento de saber si es sana esa manera de amar o no. Con esto no significa que mientras más parejas tengas, mejor. No. Significa que mientras de mejor calidad sea cada relación que vivas, podrás identificar las fallas y tratar de no repetir errores. Con una única relación se hace más complicado revisar qué hay que cambiar. Toda relación de pareja está llena de cambios, eso la hace crecer y ser funcional.

Cuando vivimos una relación de pareja y esta termina la realidad cambia, ya no se siente tan bonito y aquí es donde comprendimos lo aprendido durante esa relación y el dolor sirvió de maestro o donde lo único que aprendimos  fue a colocar etiquetas a las personas para descartarlas porque sufrimos luego de la ruptura.  Es este el ejercicio a realizar. ¿Qué me quedó de esa primera relación? de esa persona que conocí en el colegio y me encantó desde el día uno. Ahora que crecí, ¿Cómo no repetir lo malo que aprendí y seguir buscando lo bueno? Aunque haya quienes comiencen a tener pareja al inicio de la etapa adulta, también es prudente realizarse estas preguntas si ese vínculo se llega a romper, pero lo general es que nos involucremos afectivamente desde temprana edad.

Lo seguro es que la experiencia servirá de referente en un futuro y va a formar parte de las creencias acerca de una relación afectiva. Justo por eso es delicado, porque aún no se ha alcanzado un nivel de madurez emocional que corresponda con lo que implica comenzar y mantener una relación de pareja. Aún así, ¿Cómo negarles a los adolescentes que se enamoren? Imposible, pero sin duda como padres o amigos podemos intentar orientarlos en semejante camino, que sí, es maravilloso pero lo percibimos de esta manera cuando ya hemos recorrido mucho de ese trayecto y con cada vez, amamos mejor, por más que hayamos repetido el patrón inadecuado, un día despertamos y nos damos cuenta que el amor no duele, no te hace sufrir y no hace falta demostrarlo incesantemente para confirmar que existe. El amor ES, así, sin más.

sábado, 6 de junio de 2015

¿Te amo o te necesito?: del amor a la dependencia afectiva.




La pregunta con la que titulé este post está relacionada con múltiples aseveraciones que he escuchado dentro o fuera de mi consulta respecto a la relación de pareja. Hay una especie de mutación en el amor, comienza a distorsionarse el afecto y empezamos a necesitar al otro, tanto como la comida o el agua. ¿Cuándo sucede esto? pocos notan el inicio del amor patológico, de la dependencia emocional, otros se dan cuenta que comenzaron a aferrarse a su pareja para sentirse realmente atendidos y protegidos, como una madre que cuida a su bebé.

Esto de necesitar al otro suele surgir de esquemas mentales asociados a la dependencia, a creer que sin ayuda no podré, sin nadie no sé cómo ser feliz, si no me quieren ¿Qué voy a hacer? y un largo etcétera que va socabando la propia valía, la voluntad y nos convierte en personas sumisas, sin voz, sin autonomía. ¿Han observado cuando él le dice a ella que no use ese vestido por ser muy corto? ¿Han visto cuando ella le dice a su novio a quién debe tratar y a quien no? Identifique al sumiso y sabrá quién depende de quien.

La dependencia emocional te resta energía y vitalidad, es ser un "muerto vivo", existen personas que tienden a buscar a este tipo de gente para lograr que otro dependa de ellos. No es igual alguien que en ciertas situaciones ha actuado o comunicado de forma sumisa a alguien que es constantemente sumiso; cuando somos dependientes no sabemos decir que no, es una tarea muy complicada y estamos en modo obedecer al otro, aunque en el fondo no queramos hacerlo. El dependiente emocional posee baja autoestima, se desvaloriza y piensa que lo malo que le sucede es porque se lo merece. ¿Conocen a alguna mujer maltratada por su esposo? muchas de ellas creen, muy convencidas, que merecían ese golpe o ese insulto porque "ellas todo lo hacen mal"

El dependiente emocional se culpabiliza, se calla, tiene miedo a expresarse, no defiende su integridad y autonomía, deja que sea el otro quien tome decisiones sobre su vida, se subordina y le teme profundamente a la soledad. Tiene gran dificultad para tomar decisiones, su estado de ánimo es inestable, necesita apoyo o consejo para actuar. Es importante aclarar que tenemos personas con rasgos dependientes y otras con un trastorno de personalidad dependiente, donde la diferencia radica básicamente en la áreas de vida que se están viendo afectadas y si el nivel de funcionamiento del invididuo se encuentra comprometido a causa de las características de este trastorno. Hasta ahora sólo he descrito los esquemas mentales que están alrededor del mismo.

Estar alertas ante fuertes y constantes demostraciones de tu pareja por ejercer control y dominancia sobre ti, te impulsará a buscar ayuda a tiempo. Negar que nada pasa, que todo va bien, que "sólo fue un golpe, me prometió que no lo volverá a hacer" son indicadores de que algo anda mal y podría ir peor. Generalmente, la persona dependiente experimenta síntomas ansiosos y depresivos cuando se siente solo y desamparado, no tolera el abandono, de hecho, es uno de sus más grandes miedos.

¿Cómo identificar que ya no estás amando a tu pareja sino que lo estás necesitando? Comienza a generarte ansiedad cuando no está, cuando dejó de escribir, cuando tiene muchas horas sin ponerse en contacto y crees que fue tu culpa, que algo hiciste para que eso sucediera, cuando aceptas que te domine y te diga qué hacer, cuando permites que te agreda verbal o físicamente y tengas temor a defenderte porque creas que te va a dejar, cuando llevas a cabo acciones desesperadas para que no te abandone, cuando tus celos ya pasan a otro nivel y piensas que te puede dejar por otra persona en cualquier momento. Cuando imaginarte un segundo sin él/ella a tu lado, es como si tu mundo se derrumbara, te sentirías indefenso, ya no sabrías qué hacer; cuando toleras aquello que en algún momento no era negociable para ti, cuando tu estilo de comunicación es pasivo porque "prefieres no discutir" y que luego se moleste y te abandone. Y así muchos indicadores más que evidencian dependencia afectiva, sumisión y la expresión "te necesito"

En el caso de parejas, también se presenta de manera común la co-dependencia. No sólo es uno el dependiente, son los dos y es mucho más complicado que alguno lo note porque parecen estar en el mejor momento de la relación, están juntos siempre, hacen juntos la mayoría de sus actividades, algunos trabajan y/o estudian juntos y tienen esa "necesidad" de no poder estar lejos del otro, tratan de estar en el mismo nivel, se dicen las mismas frases, se responden como el otro lo espera, es una simbiosis, y en ocasiones es difícil diferenciarlos porque suelen comportarse de manera similar.

El dependiente emocional será capaz de seguir tus pasos para captar el 100% de tu atención, aún teniendo una perspectiva diferente de la vida, va a ser y hacer lo que digas para lograr aceptación. El sumiso no necesariamente es dependiente, pero el dependiente ES sumiso, muy complaciente. Por ejemplo, ceder ante una situación para evitar un problema mucho más grave, es una postura sumisa; no defender tus ideas y callar o decir lo que el otro quiere escuchar, será una postura dependiente.

A pesar de los esquemas con los que hayamos crecido, es posible cambiar y ser mejor. Ser independiente es maravilloso, te puedes expresar sin miedo, decirle al otro lo que realmente piensas y sientes, no te interesa agradarle o no, sólo ser tú. Tener iniciativa, poseer una buena capacidad de riesgo, ser observador y crítico, mirar hacia dentro antes de juzgar, reconocerte, quererte, valorarte y conocer lo que tienes para ofrecer y que bajo ninguna circunstancia vas a permitir que otro te humille, te grite, te insulte y haga contigo lo que desee, te describirá como alguien independiente.

Una persona independiente, que reconozca su individualidad podrá compartir su vida con otro sin que parezca una especie de "fusión" sino una relación, donde somos dos y te permito ser tú, sin intentar cambiarte, acompañándote y apoyándote sin que tengas que rogarme. 

No te necesito, sin ti también podría seguir viviendo. Te amo por quien eres, te acepto, te respeto y también me amo, me acepto y me respeto.


domingo, 19 de abril de 2015

Sin ganas de amar otra vez





Es común observar que quienes culminan una relación de pareja, no se sientan motivados para empezar una nueva unión. Para ese momento, es probable que la prioridad sea otra y se coloque en último lugar el enamorarse una vez más, y si bien el enamorarse genera un estado casi obsesivo por el otro, la mayoría disfruta sentirse de esta manera. Sin embargo, recordando lo que llevó a terminar esa larga o corta pero intensa relación, nos encontramos en un estado de negación, generalmente, por el temor a sufrir o fracasar una vez más.

Aún así, no dejamos de conocer nuevas personas y aunque algunos se cierren siquiera a la idea de un "hola, me gustaría conocerte", terminan otra vez, enredados en el eros. La necesidad de ser amados podría ser más fuerte que el miedo a sufrir por amor, por supuesto, teniendo instalado en nuestros esquemas mentales que sufrir por amor está bien, no nos va a llevar a amar desde lo real sino desde lo distorsionado. Y acá es donde constantemente se repite el ciclo: me enamoro, sufro, termino. ¿Tendrá algún sentido caminar en círculos? Seguro que no.

Una vez atravesamos el duelo por la ruptura de pareja, y dependiendo del motivo de la misma, para muchos es una bendición: se liberan, se sienten merecedores de una relación mejor y están dispuestos a probar. Para otros, sobre todo si el motivo generó demasiado sufrimiento, es el cierre de puertas, la clausura a intentar amar otra vez. Surge entonces la tendencia a generalizar y considerar que sucederá lo mismo, porque "los hombres son así" o "las mujeres están todas locas", es más, algunos hasta se establecen otro tipo de alternativas y deciden quedarse solos porque "estar solo es estar mejor"

A pesar de todo esto, continuamos aceptando conocer a nuevas personas pero, por ejemplo, las tratamos mal y no mostramos interés porque en el fondo, no queremos ser rechazados (esquema mental). Esto es lo que la psicología cognitiva llamó estrategias compensatorias/aseguradoras, así, teniendo este tipo de comportamiento con el otro, provocando que se aleje, vamos a evitar el rechazo. También, pueden aparecer estrategias de evitación que paradójicamente, propician la aparición de eso que tanto evitamos. 

Es importante decir que, "mientras el modo evitativo hace que el sujeto se aleje de la situación, el estilo compensatorio surge cuando el sujeto no puede evitar o escapar del evento amenazante porque no quiere o no se siente capaz y, por tal razón, crea mamparas y escudos defensivos", por tanto, estas conductas compensatorias y evitativas, con el tiempo, se pueden transformar en profecías autorrealizadas, es decir, la forma en que las expectativas que producimos nos llevan a actuar de tal manera que nuestras profecías se cumplan. La consecuencia de ello indica que podrían aumentar las probabilidades de actuar de forma congruente con estas predicciones. Vale decir que estas profecías pueden ser positivas o negativas.

Lo verdaderamente preocupante en este sentido es que dichas estrategias se incrementen, se autoperpetuen y generen una notable resistencia al cambio. Les comparto un ejemplo tomado de un texto de Terapia Cognitiva:

Profecía: pienso que alguien no me quiere o le caigo mal.

Conducta confirmatoria: me alejo o trato de manera seca y antipática al otro, anticipándome al rechazo.

Consecuencia confirmatoria: la persona responde a mi trato antipático de manera indiferente o poco amable.

Ratificación de la profecía: concluyo que yo tenía razón, que definitivamente no le caigo bien.

Llevando el ejemplo al tema en curso, cuando decidimos "no amar otra vez" porque no nos sentimos motivados para hacerlo, suelen aparecer estrategias que van a confirmar lo que espero: no involucrarme afectivamente. Con nuestra conducta podemos lograr que el otro, por más que quiera hacernos felices, decida no hacerlo por no recibir los estímulos adecuados. Y allí se cumple la tragedia: "mejor me quedo solo, nadie me hace caso"

A través de la autoobservación es posible identificar algunas de estas estrategias, siempre y cuando se esté dispuesto a rebatir y cuestionar los esquemas mentales aprendidos previamente. En mi opinión, el amor así como puede morir, puede renacer con alguien más. No culpemos a lo externo de algo que se resuelve internamente; la posibilidad de estar en una relación sana, duradera y próspera podría ser aquello que te impulse a no temer equivocarte sino tomar lo mejor de esa experiencia y señalar dónde estuvo la falla y sobre todo, cómo no volver a cometerla.


viernes, 20 de febrero de 2015

El amor incoherente





Después de una larga pausa, con la musa distraída, se me ha ocurrido plantear este tema y desarrollarlo en la medida de mis conocimientos, mi experiencia y observación de casos. Decidí empezar así:

Un día te quiere, al otro día ni siquiera te ve. El sexo es bueno, no hay quejas pero tampoco emoción. De repente dice "ya sabes que te quiero ¿Para qué te lo voy a decir a cada rato?" y allí empieza el dilema, ¿Para qué? justo allí, buscando la utilidad de comunicar un sentimiento, cuando ya se ha dado por sentado. Me he preguntado si el amor a cuenta gotas realmente es amor, y al mismo tiempo respondo "no, no se parece en nada a ese sentimiento tan bonito. Te amo o no te amo". Justamente aquí es donde empieza a ponerse en tela de juicio la propia valía, lo que se cree "merecer" y sobre todo, lo que se está dispuesto a arriesgar y a proporcionar sólo para alcanzar la tan aclamada felicidad en pareja.

El amor incoherente es básicamente no llevar las acciones a la par con lo que se profesa, es dar por hecho que hay amor pero no demostrarlo o hacerlo en una frecuencia casi inexistente, que no tiene pies, pero cree poder andar, que no tiene cabeza y muchas veces, tampoco corazón. La constante búsqueda de certeza, de convencerse de que sí hay afecto, que sí hay esperanza y que se pueden hacer miles de actividades para avivar la relación pero en realidad hay poca coherencia en ello. El cariño, el afecto, el amor, se nota. Y se nota porque tenemos una concepción del mismo, ahí toca revisar cuál es ese concepto alrededor de esa palabra, ¿Dónde lo vi? ¿Dónde lo aprendí? Para autores como Erich Fromm, el amor es actividad, movimiento, no es pasivo y se manifiesta en el "dar", además de esto, existen ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas del amor: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

Creemos en el amor de alguien en la medida que lo manifiesta, siguiendo a Fromm, el amor se puede observar en el nivel de cuidado (como el de una madre por su hijo) responsabilidad (estar dispuesto a asumir) respeto (ver al otro tal cual es) y conocimiento, que implica sin duda estar conscientes de quien está a nuestro lado y cómo se comporta, allí nacerá ese respeto hacia el otro, nuestras ganas de cuidarlo y responsabilizarnos por el mismo. De este modo se fecunda el verdadero compromiso que es indispensable cuando amamos a alguien. 

A las primeras personas que amamos, sin duda, son nuestros parientes. No importa si no fuiste criado por tu madre y padre biológicos, la o las personas que se hicieron cargo de ti te mostraron una o varias formas de expresar emociones, de demostrar o negar el afecto, de dar y de quitar. Patrón que nos define en cierta medida, que lo reproducimos aún sin darnos por enterados. Allí el origen de lo que ahora somos, al menos lo que no conocíamos del todo, porque estar en constante cambio nos permite decir "no quiero ser..." y trabajar en lo que nos hará sentir a gusto y actuar sin dañar a otros.

La compatibilidad en pareja es un punto de enlace que difícilmente se rompe, a menos que exista una razón de peso y sin duda, un amor incoherente es suficiente. Para crear un vínculo sano con alguien, es necesario estar dispuestos a dar, es un constante causa-efecto que irá reforzando o no esa relación. El amor con condiciones te permite amar mejor, ¿Cuáles condiciones? aquellas que no afecten al otro y lo anulen y que puedan disminuir los futuros malos entendidos entre ambos, de esta forma, la relación será más realista y menos cuento de hadas. Se experimentará sin miedo y sin negar la incertidumbre. Se es y se está. Como bien dijo Fromm: "la paradoja del amor es ser uno mismo, sin dejar de ser dos.

Identificar un amor incoherente le pone fin a la relación, sin embargo, en la mayoría de los casos, el hábito de estar con esa persona ya es tal que se termina aceptando a regañadientes esa actitud de dejadez, abandono y poco afecto que no hace más que destruir la autoestima y dar paso a síntomas más graves. Si bien es todo un proceso dejar ir, esa es la decisión más sabia en estos casos.

Entrenando nuestra capacidad de observación, tomando en cuenta detalles, colocar en una balanza lo bueno y lo malo, comprender que si bien cualquier humano podría hallarse en una situación emocional complicada, la empatía y el comparar con la realidad lo que se ve, dará una muestra más certera que sólo quedarse en suposiciones, en dudas y preguntas sin respuesta. Si comprendes cómo es el amor que moviliza, que llena y da libertad ya no habrá forma de repetir una relación marcada por la ambivalencia, la incongruencia y el sufrimiento.

jueves, 7 de noviembre de 2013

¿Nos deseamos?





El deseo sexual es básicamente un estado que nos moviliza, nos atrae, provoca e impulsa, es aquella ansiedad que desencadena una lluvia de sensaciones en nuestro cuerpo al observar o imaginar lo deseado. También, el deseo sexual puede ser definido como libido, es decir, la energía psíquica de las pulsiones sexuales. Este término acuñado por Sigmund Freud hace referencia a la manifestación de lo sexual en la vida psíquica. Al Eros de Platón, Freud llega a llamar libido a la energía del Eros. Es preciso indicar que desde el punto de vista fisiológico, el deseo es la primera fase de la respuesta sexual (tanto femenina, como masculina), se da antes de la excitación y por supuesto, el orgasmo. 

El tiempo para desear a alguien varía de un individuo a otro, debido a la subjetividad de esta condición. ¿Se han sentido absolutamente atraídos físicamente por alguien sel sexo opuesto (o el mismo sexo)? ya eso es una manifestación del deseo, de una libido elevada que comienza a recorrernos el cuerpo y que algunas personas controlan mejor que otras. En principio el deseo suele aparecer con mucha intensidad y variará de acuerdo con el estado anímico de quien lo experimente. Puede mantenerse a través del tiempo y convertirse en una condición más estable y duradera; sucede esto cuando iniciamos una relación afectiva con alguien y aunque pase el tiempo, seguimos deseando a esa persona (dicen muchos que "como el primer día")

La atracción sexual está compuesta de aspectos cognitivos, afectivos y biológicos. Se ha conocido que las mujeres son más selectivas sexualmente, ¿Ustedes qué creen? Desde el punto de vista social, esto podría ser bastante cierto, porque es común observar eso de "el hombre propone, la mujer dispone". En lo más primitivo se halla la búsqueda de la reproducción de la especie, pero como seres pensantes, emocionales y sociales buscamos más que sólo reproducirnos. Desear a alguien es todo un arte, nos llenamos de pensamientos, de muchísima emoción y en ocasiones, nos dejamos llevar por lo que conocemos como pasión. 

¿Cuántos no han tenido relaciones sexuales con una persona "sólo por sexo"? o porque el amigo lo sugirió (sí, existen estos casos), o quizá una apuesta. En la mayoría de esos casos hubo al menos un deseo y si no, de seguro fue la peor noche que pasaron en sus vidas. El acto sexual sin deseo no podrá desencadenar las otras fases de la respuesta sexual. En analogía, sería como comer un gran banquete sin tener apetito.

"¿Nos deseamos?" es una pregunta que algunas parejas se hacen cuando ya ha pasado la euforia de los primeros años (a algunos les sucede a los meses) de relación. En ocasiones, la disminución de la libido puede deberse a que la atención de la persona se encuentra enfocada en otros estímulos o agentes estresores que dificultan la aparición de ese impulso, por ejemplo: a problemas cotidianos con la pareja, al desempleo, crisis económica, un duelo, entre otras muchas razones que pudieran interferir en la experimentación del deseo.

En este mismo orden de ideas, las parejas tratan de evadir el tema, llevan a cabo otras actividades y dejan a un lado el sexo "porque eso no es tan importante", cuando ese aspecto es tan prioritario como otros dentro de la relación afectiva. No tenemos que esperar a que de un instante a otro se segregue la oxitocina para estar con la persona que amamos, si bien antes de amarla el deseo era más intenso, ahora se halla en la fase de la pasión, porque ahora existe un lazo afectivo.

Un buen chocolate, abrazos, caricias, besos, un preludio inolvidable, eso haría que la libido aumentase considerablemente y hasta quien se considere frío en la cama, podrá encenderse. La valoración cultural que le damos a las formas de propiciar el deseo en el otro, ha sido de las mayores dificultades para el mismo, porque estando inhibidos será muy complicado alcanzar un estado donde claramente se experimente la sensación de atracción de tipo sexual. Los filtros de nuestra mente, el sistema de creencias, nos alejará o nos acercará a sentir la necesidad de estar con otra persona.

Por otro lado, hay personas que dicen ser "demisexuales", este término se refiere a quienes sólo pueden mantener relaciones sexuales con quien mantengan una unión afectiva, descartando a las personas por las que no siente nada. En este punto, es comprensible que muchas personas mencionen sentir mayor placer sexual con quien aman a diferencia de tener sexo con alguien por quien no sentían amor. Entonces, ¿El deseo está relacionado con lo que sienta por esa persona? Sí, íntimamente relacionados. Sin embargo, es posible sentir deseo hacia alguien que no amamos, sólo la atracción física podría ser suficiente, lo que variará será la intensidad y esto por supuesto, depende de quien lo experimente.

Olvidando un poco lo convencional lograremos que nuestra pareja nos diga constantemente lo mucho que nos desea, ¿Quién no se siente muy alegre al saber que esa persona sólo tiene ojos para estar con uno? ¿Qué se gana con tanto pero al momento de, por fin, estar con él (o ella)? ¿Qué tan difícil es esforzarse por aumentar el deseo propio y el del otro? estas preguntas llevarían al camino adecuado para experimentar a plenitud el deseo sexual. Con una vida saludable en cuanto a emociones, habrá mayor espacio en nosotros para sentir deseo por nuestra pareja.

Si dudas del deseo hacia tu pareja, tal vez no has empezado a hacer lo propio para desearla. La libido puede encontrarse arriba o abajo dependiendo de cómo nos manejemos cotidianamente; si ellas o ellos son más sexuales, no se discute, siempre estará ligado a las diferencias individuales, a la percepción de cada ser humano sobre lo que es desear más o desear menos a alguien y, muy importante, a su forma de experimentar sensaciones.